¿Policías o verdugos?

La opinión de…

 

Carlos Antonio Harris Jiménez

En el momento en que escribo esta entrega, las noticias nos informan que han muerto cuatro de los menores que fueron víctimas de los excesos criminales de policías y custodios que actuaron como verdugos, aplicando una pena de muerte a quienes cumplían penas de prisión, impuestas por los tribunales competentes.

Cuando observé en la televisión las horrendas escenas en las cuales menores encerrados en medio de llamas suplicaban clemencia y auxilio porque sus cuerpos estaban ardiendo y su sistema respiratorio colapsando, y en las mismas escenas se apreciaba a policías nacionales disfrutando lo dantesco de estas, luego golpeando a estos menores cuando finalmente lograron salir, me imaginé que se trataba de una pesadilla, pero reaccioné cuando escuché el grito “muéranse”.

No puedo guardar silencio cómplice en una situación que se presenta en nuestro país poniendo a nuestra democracia, a nuestra justicia y a nuestra libertad, en peligro de extinción.

En mi condición de hombre, padre, cristiano y profesional del derecho y de panameño, que como muchos arriesgó su vida y la de su familia en la lucha contra la dictadura militar, tengo que gritar en estos momentos de angustia para esas familias que hoy sufren el desesperado dolor de haber visto morir a sus hijos, de la manera más repugnante posible, que, desafortunadamente tenemos que reiniciar la lucha contra gobernantes que no sienten respeto alguno por la vida humana.

Lo anterior lo afirmo porque lo que vimos en la televisión a partir del día del crimen es suficiente material probatorio para encarcelar a todos los que en ese momento permitieron que esos jóvenes fueran víctimas de las llamas sin mover un dedo para tratar de salvarlos de su calvario. Tras más de una semana del horrendo crimen, las autoridades del Ministerio Público informan que se ha indagado a dos personas, cuando -como he dicho- hay material probatorio suficiente para encarcelar a muchos. También es muy triste y preocupante la indiferencia con que las fuerzas vivas de este país han aceptado el abominable crimen que el país tuvo que presenciar.

Yo espero un comunicado del Consejo de Gabinete, con la firma de todos los ministros de Estado y del presidente de la República, en el que repudien el crimen cometido por unidades de la Policía Nacional. ¿Dónde está el comunicado de la Asamblea Nacional condenando la actuación criminal de unidades de la Policía Nacional, cuando esa asamblea a cada rato se pronuncia por cualquier situación que ocurra en otro país? ¿Dónde están las asociaciones de profesionales? ¿Dónde están los educadores, los grupos que durante la dictadura luchamos por la democracia, la justicia y la libertad? Hay que salir a las calles con acciones pacíficas de protesta para enseñar a las autoridades que no podemos seguir permitiendo la brutalidad policial que constantemente muestran los medios noticiosos y espero que ahora no digan que esos medios son los responsables de la situación.

Sentimos repugnancia cuando escuchamos a algunos panameños, enfermos de enanismo mental y espiritual, decir que lo sucedido es correcto porque las víctimas son delincuentes. Delincuentes posiblemente, agrego, producto de la descomposición social que vive el país, precisamente por culpa de esos mismos enfermos de mente y de espíritu.

Dios quiera que el Presidente entienda lo inconveniente de mantener al frente de la Policía Nacional, institución que por mandato constitucional debe salvaguardar las vidas de los habitantes, a un individuo que en los tiempos de la dictadura fue entrenado en un grupo especial de las Fuerzas de Defensa para matar.

Yo invito a mis conciudadanos decentes a iniciar las protestas, llevando en nuestro vestido diario a partir de la publicación de esta entrega y mientras nos organizamos, un cintillo negro, en señal de duelo nacional, por otra masacre un 9 de enero en nuestro país, pero en esta ocasión, no por la soldadesca gringa, sino por nuestra propia Policía Nacional.

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Este artículo se publicó el 20  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.  Es resaltado es del Editor.
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