El fiscal de las maleanterías

La opinión del Abogado…

LUIS FUENTES MONTENEGRO
luisfuentesmontenegro@gmail.com

¿Qué diferencia puede haber entre ‘Wild Bill’ y un fiscal cuyas actuaciones sean derroche de maleantería? En un país folclórico donde lo absurdo es normal y hasta las estupideces pueden ser aduladas, que un fiscal sea maleante no es nada malo, pues en el juega vivo lo cotidiano es que los maleantes se salgan con la suya –o la de ellos-, poco puede importar que se tenga la trayectoria de vivir a punta de cobrar coimas, abusar, ser arbitrario, enmarañar, encubrir.   En un país así, nada importante es que un fiscal haga de las investigaciones penales su forma de pasar facturas o de enriquecerse ilícitamente, su estilo para atropellar a quienes le caen mal o para favorecer a quienes bajo la mesa le puedan pagar dinero.

En un país así, ningún estupor podría causar que un fiscal tenga tanto parecido a ‘Wild Bill’.    Pero un fiscal semejante es mucho más reprochable que ese supuesto asesino gringo, pues siendo fiscal disfruta amañando expedientes, investigando delitos inventados a ciudadanos respetables, a quienes impone órdenes o medidas sin fundamentos jurídicos y notoria ignorancia del derecho penal.   ¿Qué ocurriría si un fiscal tan maleante fuera fiscal en Panamá? Para muchas personas, sencillamente nada.

En un país donde las instituciones se respetan, es poco probable que un maleante sea designado como fiscal o siga siendo fiscal.   Que un fiscal sea maleante no es un absurdo, cuando por encima de funcionarios honestos, trabajadores, capaces, se nombran compinches, ignorantones, sujetos que están en la jugada porque se atreven hacer de todo para rebuscarse o arrastrarse descaradamente.

Hay muchos fiscales decentes, pero que yo haya estado cuestionando a Ángel Calderón -que sigue siendo fiscal- no es porque sea o no sea un delincuente, sus actos deplorables hablan por él, sino porque si en el Ministerio Público nada se entiende del estado de derecho y nada importa el respeto de los derechos humanos ni de la libertad de expresión o de las garantías constitucionales y de la dignidad, entonces no vamos bien.

Pero volviendo a ese fiscal, él sí debe ser investigado, señor procurador Ayú Prado.   Si hay un fiscal maleante, su destino debe ser la cárcel, tarde o temprano.   La institución tiene que cuidarse y ser ayudada porque su credibilidad depende de si tiene o no a maleantes, corruptos, mediocres como fiscales. Por el país de la decencia.

*

<> Artículo publicado el 18 de enero  de 2010  en el diario  El Siglo, a quienes damos,   lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.
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