Un consejo que necesita consejo

La opinión del Profesor Universitario…



JAIME  TURNER – –
jturnerp@yahoo.com

A raíz de un artículo que publiqué –Por el cambio en la Universidad (o crónica de una muerte anunciada)- se ‘inició’ una persecución que pareciera no tener sentido: primero, se me inventó un expediente; se me citó a una Comisión de Disciplina, vía notificaciones y un edicto (como en los ‘buenos’ tiempos del oeste); el Consejo Académico me sentenció con un año de suspensión sin salario; remití a éste Órgano una reconsideración de mi caso, sin obtener una respuesta en el lapso de dos meses, como lo establece la Ley 38, por lo que caí en el llamado silencio administrativo; y, así las cosas, interpuse una demanda contencioso administrativa ante la Corte Suprema de Justicia.

Increíblemente, el 29 de diciembre del 2010 y el 5 de enero de este año, el Consejo Académico –en un fuera de orden total– vuelve a tocar mi caso, penalizándome, esta vez, con UN DÍA de suspensión, a pesar de que dos miembros de la junta directiva de la Asociación de Profesores de la Universidad de Panamá, a la cual pertenezco, abogaran porque fuese un año.

¿Cómo nos explicamos que se reduzca la suspensión de UN AÑO a UN DÍA? ¿Cómo es posible que nadie, pero nadie, del Consejo Académico le haya ‘aconsejado’ al rector al respecto de tal desacierto? ¿Cómo explicamos que nuestro Consejo Académico haya incurrido en chascos, como por ejemplo, adjudicar concursos a profesores diferentes a los recomendados por una Comisión de Concurso, adjudicar un concurso a un profesor quien ni siquiera concursó?   ¿Qué ha sucedido al respecto el ‘Informe de la Comisión Murgas sobre el escándalo de diplomas falsos en la Universidad de Panamá?  én aconseja, orienta, guía, instruye, al Consejo Académico? ‘Mil’ preguntas sin respuestas. Ahora, sí interesa aquí el por qué de mi cesación de un año a un día: porque el señor rector piensa que mis motivaciones son netamente personales, y que con la tremenda reducción de la condena yo bajaré la guardia.   ¡Se equivoca una vez más señor rector!,   no soy de los que ‘venden su alma al diablo’.

Señor rector, ¿tiene usted idea en dónde radica el verdadero problema? Me parece que no. La verdadera molestia radica en el modelo de universidad que usted ha engendrado, que mediante la manipulación ‘constante impuesta a audiencias más o menos sojuzgadas puede ser destructiva: destruyendo la autonomía mental, la libertad de pensamiento la responsabilidad y, conduciendo a la inercia, la sumisión y la renuncia a cambiar.’ (Herbert Marcuse). Y es precisamente por ello que los estudiantes, así como muchos docentes y administrativos de esta universidad del pueblo hemos decidido asolar ese régimen de ignominia, pues, con carácter de urgencia, el país requiere que nuestra universidad retome los senderos de conciencia crítica de la nación.

 

Este artículo se publicó el 17 de enero de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.
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