Juan Pablo II, santo súbito

La opinión de la Abogada y Ex Diputada de la República…


MIREYA   LASSO
mireyalasso@yahoo.com

‘ ¡Santo Ya!’ fue el clamor de los fieles al fallecer y pronto Karol Josef Wojtyla podría ser proclamado santo de la Iglesia católica. Todos los católicos comprendemos cómo su vida ejemplar le ha merecido la felicidad eterna que él anticipó con sus últimas palabras: ‘Déjenme ir a la casa de mi Padre.’ Los panameños creyentes tuvimos el privilegio de haber tenido entre nosotros a un santo que bendijo nuestra patria.

Cuando Juan Pablo II estuvo en nuestro país hace tres décadas, su primer acto al descender del avión fue hincarse y besar suelo panameño. Con ese gesto de humildad y, sobretodo, de amor, el representante de Cristo quiso testimoniar la dignidad del ser humano, independientemente de cualquier circunstancia terrenal. Vino personalmente a bendecir a su pueblo panameño, a traernos su mensaje de paz y de amor. Hoy, observando nuestro entorno, siento que quizás es mucho lo que tenemos por rescatar.

¿Qué nos enseñó Karol Wojtyla con su vida, sus ideales, su fe, sus afanes, sus intereses, su misticismo, su moral?

Como persona, fue un hombre extraordinario en muchos aspectos; para muestra, hablaba más de catorce idiomas. Como jefe de Estado, fue un carismático político y efectivo diplomático, respetado por líderes mundiales que valoraron sus juiciosas opiniones. Gorbachov se refirió a él como la autoridad moral más importante del mundo. Demostró dotes de mediador, amante de la paz, cuando previno un conflicto fronterizo a punto de estallar entre Argentina y Chile, logrando el repliegue de sus ejércitos dispuestos a entrar en combate. Censuró la invasión a Irak.

Viajó a más de cien países y se abrió al encuentro con otras iglesias que también ponderaran la dignidad del ser humano. Realizó visitas inauditas a una mezquita musulmana en Siria y a una iglesia luterana en Roma. Visitó Israel, donde reconoció expresamente los derechos de los palestinos. Enmendó relaciones con los judíos; influenció ásperos regímenes comunistas europeos; pidió perdón por los abusos del Holocausto nazi y de la Inquisición española. Perdonó a su frustrado asesino.

Visitó la Cuba de Castro, el Chile de Pinochet, el Panamá de Noriega. No lo hizo como apoyo a esas dictaduras porque siempre criticó a los gobiernos manchados de sangre; lo hizo para llamar la atención hacia las injusticias, la conculcación de libertades, las violaciones de derechos humanos y también, en favelas como las de Brasil, hacia la miseria de pobres y desamparados. Censuró las inequidades del capitalismo liberal y la represión de las dictaduras marxistas.

Como Supremo Pontífice, fortaleció la doctrina de la fe y en los veintiséis años de su papado plasmó su pensamiento en catorce encíclicas.

Fue el líder espiritual que necesitó la Iglesia para guiarla con firmeza durante las turbulencias creadas por sectores ultra conservadores, como el francés monseñor Lefebvre, y por los ultra reformistas defensores de la Teología de la Liberación, como los sacerdotes guerrilleros Camilo Torres en Colombia y Ernesto Cardenal en Nicaragua.

Recordamos cómo, justo antes de llegar a Panamá, Juan Pablo II amonestó públicamente a Cardenal en la pista del aeropuerto de Managua por haber aceptado el cargo de Ministro de Cultura del gobierno sandinista.

Se opuso al aborto, la eutanasia y al matrimonio entre personas del mismo sexo. Insistió en el celibato de sacerdotes y defendió la dignidad de la mujer, como lo hizo en su encíclica Redemptoris Mater, dedicada a exaltar las virtudes de la Madre del Redentor, por quien sintió siempre una particular devoción. Mostró especial confianza en el poder de los jóvenes para cambiar el mundo, llamándolos ‘Centinelas del Mañana’ e invitándolos a combatir la injusticia y a defender la paz. Inició las Jornadas Mundiales de la Juventud que, desde 1984, reúnen a millones de jóvenes de todo el mundo para compartir su fe.

El próximo primero de mayo, tras haberse comprobado una sanación milagrosa por su intercesión, será beatificado y entonces continuará el proceso para su posterior canonización. Mientras tanto, recordemos las bendiciones de su santa presencia en nuestro país y aprendamos de su testimonio de fe, paz, amor, tolerancia y perdón.

<>
Este artículo se publicó el 19 de enero de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que a la autora,  todo el crédito que les corresponde.
Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: