Es necesario cambiar de actitud

La opinión del Periodista…

EUCLIDES  M.  CORRO.  R
emacor@cwpanama.net

La gran mayoría de los panameños, más allá de una campaña electoral, abogamos por un cambio real. No se trata de la promesa de un grupo político, sino de un reclamo que por mucho tiempo se está reclamando como un compromiso que nos permita superar las deficiencias que no nos dejan avanzar como nación dispuesta a transitar por derecho propio en el nuevo milenio.

Probablemente lo primero que tenemos que hacer en esa dirección es modificar nuestra actitud y comenzar a entender que muchas cosas no se transforman por combustión espontánea, sino porque los individuos reconocen sus limitaciones y las de su entorno, y de allí en adelante inician un proceso de cambios.

Igual ocurre con los gobiernos. No recuerdo ninguno que no nos haya prometido cambiar las cosas para bien de los ciudadanos, pero al poco tiempo se olvidan de sus ofertas electorales para mostrar su verdadero rostro. Estoy convencido que es un error pensar que los problemas sociales se resuelven con dádivas. Ya está demostrado que lo regalado, como no nos cuesta, simplemente ni lo agradecemos ni le damos el mejor uso.

No estoy diciendo que estos programas de ayuda social no son importantes, sino que deben ser promovidos en otra forma, protegiendo la dignidad del que recibe y la única forma es que sienta que se está ganando con su esfuerzo la ayuda que le entrega el Estado.

De sobra entiendo que los gobiernos, al menos la mayoría, tienen la mejor intención; sin embargo, al final de camino no resuelven porque en vez de involucrar a los individuos en la acción, simplemente les damos el papel de espectadores. Recuerdo en los inicios del proceso revolucionario de Omar Torrijos Herrera cuando se implementó el programa ‘Yunta pueblo-gobierno’.

Su intención era la de resolver problemas primarios en cada comunidad. El gobierno facilitaba la técnica y los fondos económicos, pero la comunidad doblaba el lomo en la construcción o realización de cada proyecto. Así, se repararon caminos, se construyeron acueductos, se hicieron centros de salud, escuelas, pozos de agua, letrinas, etc.

Hubo críticas, pero al final del camino todos esos proyectos no solo se convertían en una realidad, sino que la comunidad, como quiera que les costó su esfuerzo físico, cuidaban que las obras no fueran destruidas, y por el contrario, le brindaban mantenimiento. Y esto, como quisiera verse, era positivo.

Es tan solo un ejemplo de lo que se puede hacer para cambiar la actitud de la gente. Hoy día las exigencias son otras tal vez, pero se requiere que todos entendamos que solo a través de un sistema educativo de primer mundo, en el que participe el gobierno, la familia y los educadores, podremos cumplir las metas que el nuevo milenio requiere.

Hay que apostar a la urgencia de modernizar la educación. Que todos entendamos que si no le ponemos ganas a esto, por gusto será la inversión de muchos millones de balboas. Hace un par de días el presidente Ricardo Martinelli dijo en el marco del inicio de un nuevo periodo de sesiones de la Asamblea Nacional, que muy pronto cada estudiante y cada profesor tendrá una computadora para su uso.

¿Es esto suficiente? Claro que no. Reitero: hay que modificar la actitud, que se entienda que se trata de una herramienta de trabajo que será útil en la medida que estemos convencidos de ello. De lo contrario, será un simple juguete puesto en las manos equivocadas.

También el país requiere para alcanzar un cambio tangible, fortalecer la institucionalidad democrática. Entender que cada órgano del Estado tiene su área de acción y que por ende, tienen responsabilidades definitivas. Ceder las mismas a otro de los órganos es un delito de omisión o comisión que tarde o temprano tendrán que pagar.

Como tercer punto en esa escala de cambios, se requiere de una política estatal transparente, en la que se entienda que ‘la mujer del César no sólo debe ser honesta, sino parecerlo también’. Pienso que en la medida que nos ‘saltemos’ los mecanismos de probidad y de garantía para evitar los abusos, igual estaremos retrocediendo en la percepción de honestidad que la comunidad exige a sus gobernantes.

Finalmente, en una mezcla de todo lo anterior, se impone la modernización del servicio público, como una fórmula para superar el clientelismo electoral que se produce cada cinco años.

Este artículo se publicó el 18 de enero de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.
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