La era de los leaks

La opinión del Ingeniero y Analista Político…

MARIO  ROGNONI
marogoni@cwpanama.net

Siempre envidie a las mujeres que tienen en las televisoras una diversión permanente con las telenovelas y melodramas que lejos de ponerlas a llorar las distraen a morir. Los hombres estamos en desventaja, más si no nos gustan las telenovelas. Nuestro espacio televisivo lo usamos en noticieros, debates y deportes. Los primeros son repetitivos, los segundos cansan por ser los mismos protagonistas y los deportes siguen temporadas que nos parecen muy cortas.

En nuestro rescate, aparecen ahora los leaks. Si en la mañana nos distraen las glosas de los periódicos, en el día ahora los comentarios son de leaks. A buena hora un soldado raso norteamericano, aburrido en Afganistán encontró la manera de robarle al departamento de estado su cofre de bochinches. Y aunque algunos nos parezcan insípidos, otros traen mucha salsa. Lo cierto es de repente el cuchicheo social desde Washington hasta la Patagonia es de leaks. Los más famosos, indudablemente, los Wikileaks, pero hay además toda clase de leaks.

Ya antes de los Wikileaks nuestro vocabulario incluía el likeo, la acción de dejar saber voluntariamente una información supuestamente confidencial. Así, la DEA likeaba información sobre a quienes se le estaba preparando un indictment, o la propia embajada de USA likeaba que había cancelado un número de visas. Esos leaks generalmente causaban interés y curiosidad. Los nuevos leaks, si bien nos divierten, no nos asombran ni nos causan curiosidad.    Que Martinelli y Varela dudaban de la capacidad de los encargados de la ampliación, bah, si son muchos los que cuestionan abiertamente la capacidad financiera del grupo Sacyr de España.

Que dudan de la imparcialidad del director Alemán Zubieta con respecto a CUSA, si casi todo Panamá piensa que mantiene algún tipo de relación con la empresa de sus familiares y donde laboró por años. Y para colmos el leak de lo que pensaba la embajadora del presidente, refleja lo que muchos piensan del presidente sin que eso afecte ni su popularidad ni su ejecutoría.

Pero los Wikileaks son adictivos. Ahora todos queremos más. Y siguen saliendo más. Tan cónsos como los primeros. Ahora resulta que las autoridades norteamericanas descubrieron en el 2009 que por Tocumen entra dinero. Voila, Eureka.   Gran descubrimiento.   Por décadas se ha sabido esto y hasta los tumbadores han tenido la precaución de encontrar empleados soplones para poder asaltar al incauto poseedor de efectivo en su ruta a la ciudad. Pero, es evidente al panameño y no al funcionario norteamericano, que toda esa actividad se hace comprando empleados de aduanas, migración y del aeropuerto, no necesariamente con el director de turismo ni las empresas activas en el aeropuerto.

Como nos ha gustado y nos hemos hechos adictos a los Wikileaks, es hora que desarrollemos nuestra propia versión de leaks, para seguir disfrutando de esta nueva pasión. De hecho, lo veníamos haciendo en glosas, donde nos contaban que en el gabinete Alma se sienta lejos de Mulino y mas lejos de Roxana.   Otro localeak cuenta de la renuncia de Moreno de la ASEP ante su incapacidad de licitar la portabilidad numérica y lentitud en accionar.   Hay leaks inclusive sobre mas de tres que no aceptaron la secretaria de prensa mientras otros hablan de quienes y por que están comprando tierras por Juan Hombrón. Leaks de negocios abundan, desde la concesión de máquinas de casinos entregada a un conocido hasta leaks sobre como gestar una compra directa.

En el fondo, quizás todo es cuestión de semántica. Los Wikileaks están documentados por cables confidenciales del departamento de estado, pero los leaks locales son poco más que glosas y rumores. Lo que amerita un estudio es analizar nuestro comportamiento, un pueblo donde la clase pensante le cree más y espera los comentarios de un muñeco (Casimiro) en la mañana y un personaje ficticio casero (Clemencia) en la noche, mientras lee glosas sin firma y con claves muchas indecifrables en las mañanas. Y a esas consideraciones, tienen entonces los funcionarios públicos y figuras políticas que dar explicaciones o aclarárselo al ciudadano. Yo quisiera leer los futuros Wikileaks, cuando un embajador tenga que decirle al presidente de su país que ‘se lo oyó a un muñeco en tv’ o que lo aseguró ‘el Cañoreno de Domplín’ (¿Donut cannon?).

 

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Este artículo se publicó el 18 de enero de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.
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