Fracaso escolar vs estupidez adulta

La opinión del Arquitecto y Profesor…

ALCIBIADES  ATENCIO
alcibiatencio@yahoo.com

‘En Panamá, solo la estupidez y la corrupción son infinitas, pero de la corrupción a veces dudo, pues ella depende de la estupidez del adulto’.

Aquí, el corrupto se burla de nuestra estupidez, crucificando al que pide justicia y liberando barrabases, envenenan al que pide medicina y matan al que pide vida, embrutecen al que pide sabiduría y gratifican con notas y diplomas regaladas al que no quiere aprender.

Para tapar el crimen cometido al nombrar a seudos-educadores (asesinos de mentes que matan el espíritu científico del niño), el MEDUCA nos exige bajar el índice de fracasos (regalar notas) que supera el 60%, si esta orden fuese correcta entonces el lema de ‘MEDUCA, para toda la vida’, cambia a ‘MEDUCA, fracaso para toda la vida’.   Esta exigencia humilla al educador idóneo, pues semejamos artillería de largo alcance, diseñados para cubrir a la infantería (estudiantes) a larga distancia, (preparándolos para que entren exitosamente a un trabajo inmediato o a cualquier universidad respetable a nivel nacional o internacional, regalar notas es fomentar la estupidez.

Lamento el deterioro administrativo del MEDUCA y la inmoralidad de esos dirigentes gremiales que exigen aumento general, ignorando que el máximo derecho de nuestros estudiantes es tener un equipo de educadores totalmente idóneo, vg: En Finlandia los educadores son elite de elite, cuasi-genios, por ende son respetados socialmente y muy bien pagados.

Conciente de la violación de este derecho estudiantil, desde el año 2000, empecé escribir en EPASA, en contra del mercado negro de diplomas falsos, por ende nombramientos fraudulentos -ver en internet ‘Educación muy mal parada’- y contra el robo del dineros para materiales didácticos ver ‘Las Kks del MEDUCA’, y otras opiniones de mi autoría, por lo cual fui injuriado y destituido del MEDUCA, pedí ayuda a los gremios pero me ignoraron pues ellos son parte de esta infame mafia, recuerden que ellos tienen un representante en la junta de selección, adjunto al representante del ejecutivo, sin duda se negocian nombramientos infames…

Sólo matando a la estupidez, matamos a la corrupción y esto sólo se logrará cuando todos los educadores sean idóneos (tener dominio de la cátedra asignada, tener vocación y ser muy inteligente), pues el estudiante refleja la capacidad del cuerpo docente, basta un solo seudo-educador para dañar la joya en formación, pues la educación es integral.

Lamentablemente nuestros detractores no saben de psicología o pedagogía, pues la psiquis del menor es tan compleja que se malogra fácilmente y es difícil recuperarla, por ende entre los fracasados hay mentes brillantes que entran en conflicto con la estupidez del seudo educador e incluso con la de los padres, y se plantean: para que estudiar si a mis padres no les importa mis logros, para que estudiar si este asno de todos modos me fracasará, y si se le acostumbra a notas regaladas: para que estudiar si de todos modos me pasarán, luego un profesor serio tratará de recuperarlo pero los baches dejados por el seudo educador son insuperable y el estudiante fracasa. Entonces resulta injusto fracasarlos, pues primero tendríamos que evaluar al educador que lo fracasó, pero las evaluaciones del cuerpo docente son ficticias, pero para que evaluar realmente si no se puede destituir por incapacidad profesional, quizás son protegidos por el corrupto pues son formadores de futuros adultos estúpidos que alimentan a la corrupción.

La triste realidad de los graduados de secundaria que no están preparados para entrar en una universidad pública ni para un buen trabajo, sumado al silencio paterno y educadores idóneos que aceptan esta realidad y se la transmitimos a nuevas generaciones, indican que tenemos una población adulta sumidos en la infinita estupidez, por ende víctimas de la infinita corrupción.

<> Este artículo se publicó el 15  de enero de 2011  en el Diario La Estrella de Panamá, y el 18 de enero de 2011 en el Diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.
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Una respuesta

  1. Cada vez que entro a una escuela, me siento como inundado por una ola de nostalgia. La mayoría de las escuelas que he visitado en este siglo 21, tienen exactamente la misma apariencia que las escuelas a las que asistí en la década de 1970. Las aulas son del mismo tamaño. Los mismos pupitres formando las mismas filas. Tablones de anuncios con el calendario escolar. Incluso los pasillos huelen igual. Claro, en algunas aulas puede que hoy haya un ordenador o dos. Pero en muchos aspectos, las escuelas a las que asisten los niños de hoy, resultan indistinguibles de las que sus padres y abuelos utilizaron.

    De entrada, ese déjà vu enternece mi alma. Pero luego pienso en ello. ¿Cuántos otros lugares mantienen exactamente la misma apariencia que tenían en los años 20, 30 o 40? Los bancos no. Los hospitales tampoco. Los supermercados mucho menos. Ni siquiera las iglesias. Tal vez el dulce aroma de la nostalgia sea realmente el hedor del estancamiento. Dado que la mayoría de las otras instituciones de la sociedad han cambiado drásticamente en el último medio siglo, la inmovilidad de las escuelas resulta extraña. Y es doblemente extraña, porque la escuela, en sí, es un invento moderno, no es algo que hemos heredado de la antigüedad.

    Hubo un tiempo en el que una persona joven aprendía los secretos de la labor que usaría durante el resto de su vida. Este modelo servía cuando los cambios eran lentos y la gente hacía, al final de su vida, algo parecido a lo que había aprendido a hacer al comienzo.

    Esto no funciona en un mundo donde la mayoría de las personas están trabajando en un empleo que ni siquiera existía cuando habían nacido. Quizás aún no sea tan así, pero nos estamos acercando lo suficiente como para vislumbrar el dilema: Si cualquier habilidad que aprende hoy un chico será obsoleta antes de que empiece a usarla, entonces, ¿qué es lo que realmente tiene que aprender?

    La respuesta es obvia: La única habilidad competitiva a largo plazo es la habilidad para aprender.

    Así que ¿cuál es la cuestión? ¿Ir a la escuela o aprender?

    Ir a la escuela ha sido la gran meta de la mayoría durante mucho tiempo. La escuela son las pruebas, las calificaciones y las normas, la toma de apuntes y las reuniones. Aprendizaje, por el contrario, es “conseguirlo”. Es el gran avance conceptual que permite al estudiante entender las cosas y, a continuación, ser capaz de pasar a otra cosa. El aprendizaje no se preocupa por los libros de texto o las pruebas de control.

    Durante demasiado tiempo, la gente inteligente ha creído que la escuela fue organizada para fomentar el aprendizaje. Durante mucho tiempo, sin embargo, las personas que conocen el tema, se han dado cuenta de que escuela y aprendizaje son actividades fundamentalmente diferentes.

    Teniendo en cuenta la evolución del mundo actual, y lo que está por venir, no es descabellado pensar que el actual modelo tradicional simplemente no está a la altura, es obsoleto y fuera de sintonía con las necesidades de la vida moderna.

    Tenemos que olvidar nuestras nostalgias y conseguir elevar nuestro punto de vista hasta un nivel más alto para poder ver esto. Tenemos que salir de la perspectiva miope que nos está llevando al abismo. Las “soluciones” y “reformas” que se están constantemente discutiendo, son las ideas de la vieja escuela, basada en un sistema que está pasado de fecha y que ya no es aplicable al mundo en que vivimos. Observa a tu alrededor. Mira el ritmo de los cambios de hoy en día, como evoluciona el panorama de los negocios y de nuestra cultura. Estamos en medio de importantes cambios. Ya no se trata de una evolución sólo un poco “más rápida” o “nueva”, al igual que en los últimos 50 años… No, estamos en medio de un cambio significativo en cómo suceden las cosas y cómo nuestras vidas funcionan.

    Aquellos que lo “harán bien” en este mundo, de hecho, los que liderarán este mundo serán los que estén preparados para ello. La preparación requerirá sólidas habilidades para “pensar”, para ser capaz de razonar sobre los principios y hacerlo a la luz del pensamiento creativo.

    En un artículo reciente del New York Times se hablaba del “liderazgo en la innovación” y los empresarios llegaban a la conclusión de que “tenemos que dejar de pensar”. El mundo de los negocios está pagando cientos de millones de dólares a consultores -el artículo les llama “los cerebros de alquiler”- que son capaces de “innovar” para dichos negocios, y la forma de la innovación no es otra que el pensamiento creativo. Aparentemente sencillo. Pero simplemente no hay mucha gente preparada para hacerlo “desde dentro de nuestras empresas”.

    Esta es una de las principales razones por las que la “escuela” se revela a sí misma caducada. La escuela tal y como la hemos conocido, tal vez tenía un propósito hace 50-100 años -todavía no estoy convencido de que fuese el mejor modelo, incluso para aquellos tiempos-, sin embargo, es un concepto completamente equivocado en el mundo actual.

    Necesitamos un sistema educativo que prepare para el mundo de hoy, lo que significa enseñar a los estudiantes a saber cómo prepararse. ¿Se ve la diferencia? Ya no podemos simplemente prepararlos para el presente, porque en el momento que salgan por el otro extremo, veinte años más tarde, ya estarán “obsoletos”. Tenemos que encontrar la forma de preparar a los estudiantes para el mundo que se encontrarán en su momento, y que es un mundo que no existe todavía. Tenemos que prepararlos para resolver problemas que ni siquiera aun hemos identificado.

    ¿Da miedo? No, en lo más mínimo. Todo gira alrededor de un relegado concepto denominado: “PENSAR”, y esta es una “cosa” en la que la educación tradicional no ha hecho un buen trabajo de “enseñanza”.

    La escuela es tan “Siglo XX” – Dugutigui
    http://damantigui.wordpress.com

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