Incongruencias e improvisaciones municipales

La opinión de la Jurista y Ex Diputada de la República….


MIREYA  LASSO
mireyalasso@yahoo.com

Dieciocho meses de experiencia dirigiendo el gobierno del distrito capital debería ser tiempo suficiente para completar la curva de aprendizaje de los nuevos funcionarios encargados de la administración distrital.   Después de una primera etapa de fricciones políticas internas y con ejecutivos del gobierno nacional, pareció que se había encontrado una fórmula esperanzadora que alcanzaría la paz y haría factible la actividad alcaldicia.

Se nombraron personas presumiblemente muy capacitadas en reemplazo de los asistentes originales del Alcalde, se designó un consejero especial ad honorem para asesorar sus acciones y se nombró una nueva Tesorera Municipal para ordenar una deficiente administración fiscal.

Pero ahora las autoridades municipales nos han sorprendido con medidas tributarias a todas luces incongruentes e improvisadas.

Por mucho tiempo hemos escuchado quejas del Alcalde por verse obligado a subsidiar el presupuesto deficitario de la DIMAUD. Recientemente declaró que le había entregado B/. 9 millones y dijo que ‘no le voy a meter un centavo más, no voy a sacar más dinero que necesito para veredas y otros proyectos, y seguir botando la plata’.

Ahora, para alivio del Tesoro Municipal con la creación de una autoridad nacional para recoger la basura, no habrá necesidad de ‘botar esa plata’ ni cubrir el déficit.

A pesar de ese remedio, surge la sorpresiva medida de un aumento de impuestos.   Ningún impuesto es bienvenido; menos, si su destino no se justifica cabalmente. Lo vivimos en la Asamblea Nacional en el 2004.

La abrupta medida, campantemente aprobada, no fue explicada como correspondería; ha sido improvisada, es peligrosa y resultará deficiente en muchos aspectos. Lo comprueba el hecho de que sus creadores se vieron obligados a posponer su implementación por falta de consultas adecuadas y por errores técnicos del propio sistema aprobado.

Las cifras no encajan y el destino de la plata no es claro.   El presupuesto municipal pasado fue B/.66.9 millones pero, según protestó el Alcalde, de ahí tuvo que aportarle B/.9.0 millones a la DIMAUD.   Este año el presupuesto municipal sería B/.92.0 millones, sin la planilla y gastos de la DIMAUD y sin tener que desembolsarle B/.9.0 millones nuevamente.   Nos explican que los B/.22 millones adicionales -¿más el ahorro de B/.9.0 millones?- son para ‘obras sociales y obras comunitarias,’ incluyendo B/5.0 millones repartidos entre los veintiún representantes de corregimiento, a razón de B/.225,000.00 cada uno.

Aumento y destino carecen de sensatez.   Por el lado del gasto, parece incongruente que el 90% del presupuesto municipal del 2010, sirviera para una frondosa burocracia y gastos administrativos, al tiempo que se destinen B/.3.5 millones en el 2011 para remunerar ‘asesores’ cuyas misteriosas funciones no se han explicado, sobre todo con el antecedente del millón de balboas destinado a gastos superfluos como el cultivo de una imagen personal y dudosos planes de seguridad para la ciudad capital.

Las medidas tomadas por las autoridades municipales demuestran el craso error de escoger irreflexivamente el sendero más fácil. Resulta siempre más cómodo decretar aumentos de impuestos que esforzarse por mejorar la recaudación de los existentes y también reducir gastos administrativos innecesarios.

No nos han demostrado esfuerzos serios en esos sentidos y nadie ha brindado una explicación digna de los contribuyentes capitalinos.   Por el contrario, la explicación dada para justificar el aumento de tributos se ha basado en argumentos trillados, muy etéreos, poco específicos: ‘justicia tributaria,’ ‘obras sociales,’ ‘obras comunitarias.’ ¿Específicamente cuáles?

No olvidemos que todos los tributos -quiérase o no- los paga el pueblo y que la recaudación proyectada de un nuevo impuesto, como el de placas de automóviles, puede resultar ilusoria si los propietarios libremente optan por migrar a un municipio menos oneroso.

Mientras la comunidad observó con cierto optimismo el relevo en la Tesorería Municipal, que pareció presagiar un énfasis en mejorar el cobro de los impuestos existentes, nos sorprenden con una medida tan improvisada, que obligó a su posposición.

Apropiado sería que los funcionarios que tuvieron semejante iniciativa muestren mejor ingenio y creatividad, revisando también los renglones de gastos para ajustarlos al tamaño y naturaleza de las genuinas funciones municipales.

 

*

<> Este artículo se publicó el  12  de enero de 2011    en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que a la  autora,  todo el crédito que les corresponde.
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