Presupuesto de la tarea que está por venir

La opinión del periodista…

RAÚL E. CEDEÑO
erece42@hotmail.com

Quizás este escrito podrá ser considerado algo filosófico y sublime, filosofículas que no son usuales en mis publicaciones. Pero ante el panorama de nuestro mundo de hoy, he considerado prudente presentar una humilde comparación entre lo que hoy somos y nuestro futuro, porque el mismo nos obliga a todos a hacer un balance de la tarea rendida por nuestra ‘civilización contemporánea’ e intentar hacer un presupuesto de la tarea por venir.

La mejora de la sociedad panameña ha sido siempre nuestro norte y la convicción que ha orientado nuestro esfuerzo, la entiendo como la universalización y humanización del hombre para comprender el dolor del mundo, nuestra patria incluida, y pensar y sentir en función social para actuar como si de nuestra conducta fuese a derivarse toda una norma de comportamiento humano.   Ante los hechos que afectan nuestra vida, nos damos cuenta de que solamente pensamos en nosotros mismos y, desgraciadamente, algunos dan demasiada importancia a sus bolsillos.

Se dice que este año será de plenitud para nuestro país.   Quizás así lo vean los economistas. Pero ¿será plenitud beneficiosa para todos o solo para algunos?    Enfrentamos un negro futuro: el aumento del costo del combustible, el aumento indiscriminado de la canasta básica, que limita con fuerza satánica nuestra alimentación; un muy bajo nivel salarial, incertidumbre por el nuevo costo de la energía eléctrica, una ciudadanía gorgojo en la ciudad capital y áreas aledañas, el pago de nuevos impuestos municipales para poder circular u operar nuevos y actuales negocios… Si le agregamos los problemas en la aplicación de la justicia, las quejas por las nuevas hidroeléctricas y la pelea continua entre políticos, no vemos claro el futuro.

Si seguimos así, tendremos ciudadanos que andarán a pie porque no les alcanza para el combustible o el sistema de buses, una sociedad que no verá con esperanzas el pago de la quincena por el entorno económico estrangulante que le rodea, ciudades y pueblos a oscuras porque no quieren encender el lazo lumínico que les ahorcará, unos seres humanos que tendrán que pelearse entre sí por el consumo de agua y además andarán por allí sudados y hediondos por la falta de baño.    Para no alargar, unos seres humanos flacos, esqueléticos, dignos de algún documental de National Geographic sobre el África misérrima. Es decir, vivir obligados todos a consumir la dieta del caballo: agua, si la tenemos, y paja.

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<> Artículo publicado el 15  de enero de 2011  en el diario  El Siglo, a quienes damos,   lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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