Ineptitud manifiesta

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La opinión de la Periodista…

Adelita Coriat

Dos episodios distintos se resumen en un mismo sentimiento; frustración, indignación e impotencia.   Uno se refiere al suceso del Centro de Cumplimiento de menores donde 7 sufrieron quemaduras de segundo y tercer grado en el 90% de su cuerpo y otros 4 mostraron lesiones de perdigonazos.   De ellos tres fallecieron.

 

A juzgar por las tomas televisivas, pareciera que este amargo hecho es una muestra de la prepotencia,   del valor que tiene la vida de los privados de libertad para quienes estaban a cargo, que en esta escena en particular eran lo más parecido a basuras humanas.

No basta con estar presos como pago de su error, además “merecen” ser tratados como estiércol por quienes los vigilan para rematar su pena.

Una cultura cavernícola característica de la época nazi que impide cualquier posibilidad de readaptación a una vida digna, un trato inverso al objetivo de resocialización que debería cumplir el centro en mención.

Seguimos mostrando una conducta de arrinconamiento, que frustra cualquier posibilidad de rehabilitación. ¿Cómo cree usted que pueden sentirse los mismos afectados, sus familiares o los testigos ante esta escena?   Lo lógico es que sientan rencor y deseos de venganza.

Cualquier persona que ve un animal arder actúa en su ayuda por instinto de supervivencia, aquí observamos todo lo contrario.

El otro caso es la inexplicable tarifa fiscal que pretende imponer el Alcalde capitalino. Nadie sabe decir de donde salió el cálculo mencionado ni se muestran planos o proyectos serios a los que se destinará el recaudo. 

Lamentablemente los antecedentes en este aspecto hablan de un manejo administrativo deficiente, donde las prioridades no parecen responder a las verdaderas necesidades comunales sino a proyectos improvisados que se desploman ante cualquier crítica.

Los ciudadanos estamos cansados del trato prepotente y sarcástico. Quien no sabe hacer su trabajo que renuncie y ceda paso a otro más capacitado. 

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<>Artículo publicado el 17  de enero de 2011   en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que a la autora,  todo el crédito que les corresponde.
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