In Memoriam Carlos Andrés Pérez

La opinión del Ex Vicepresidente de la República…


Ricardo Arias Calderón 

El dos veces Presidente por elección popular, Carlos Andrés Pérez, murió el 25 de diciembre pasado en Miami, en el exilio, por su oposición frontal a Hugo Chávez, quien lo utilizó como excusa para su intento de golpe de Estado en 1992. Pidió a su familia que sus restos no reposen en Venezuela hasta que no esté libre de la dictadura.

 

 

Su muerte pasó con poco reconocimiento, sin embargo, Carlos Andrés Pérez sin duda es unas de las personalidades latinoamericanas más destacadas del siglo XX, desconocer este hecho sería una falta de leso humanismo.

 

Le traté durante un periodo no menor de 15 años y asistí a su segunda toma de posesión en 1989, en donde pronunció un discurso tan ambicioso que más bien parecía que se dirigía al planeta como el secretario general de las Naciones Unidas o como el presidente de un Estado panlatinoamericano, según el sueño de Bolívar.    Su proyección fue tan amplia y abarcadora que parecía irreal a las circunstancias concretas.

 

El hecho de invitar a su asunción al poder, a los tres miembros de la nómina presidencial de la Acción Política Opositora de inspiración Civilista (ADO Civilista) señalaba el cambio de postura de Venezuela: del apoyo al general Torrijos en razón de la lucha nacionalista panameña por nuestro canal y todo lo que resultó de demagógico en sus promesas de justicia social, al rechazo al general Noriega por su brutal dictadura y carencia de todo ideal patriótico. Carlos Andrés había cambiado de postura y quería que el mundo lo supiera.

 

En esa ocasión hablé personalmente con él sobre el régimen de Noriega que se estaba desintegrando ante las manifestaciones civilistas y las medidas de bloqueo económico de los Estados Unidos.   En los últimos meses del año 1989 pasamos los días más angustiosos por la cercanía previsible del fin de la dictatura y el comienzo de la democracia.   Durante este tiempo Carlos Andrés seguía de cerca los eventos en Panamá, a mi casa llamaba frecuentemente por teléfono, ya sea él personalmente o su ministra de la presidencia, Beatriz Rangel, para saber qué había sucedido en las 24 horas previas, y si yo necesitaba algo o alguna gestión para mi seguridad.

 

A principios de 1990, ya en democracia, nos reunimos nuevamente a instancias suyas, pero discretamente pues yo era vicepresidente y Venezuela aún no reconocía al gobierno. Le propuse a Endara, en función de una conducta ejemplar de alianza, que me acompañase en al viaje Joaquín Fernando Franco, quien a pesar de haber hecho todo lo posible por evitar que la Democracia Cristiana surgiera en Panamá, era lo suficientemente realista para reconocer que no había tenido éxito en las últimas elecciones en 1984.    Entre los temas suscitados por el presidente venezolano estuvo el derecho a bases militares norteamericanas más allá del año 2000, que él daba por sentado, le respondí negativamente disipando así sus ideas prefijadas.

 

Al final Carlos Andrés nos dijo que consideraba política y democráticamente conveniente que el país tuviera una nueva elección y sabiendo que el Presidente Endara no aceptaba ninguna acción que pusiera en duda su derecho a la Presidencia, le manifesté que después del trauma de fin de la dictadura, de la invasión norteamericana y del vandalismo subsiguiente, Panamá no aguantaba una indecisión más en su realización de un gobierno democrático efectivo.

 

Al tomar el avión que Carlos Andrés había puesto a nuestra disposición para el viaje a la isla La Orchila, donde nos recibió, yo iba confiado que Venezuela nos reconocería a corto plazo y la conversación había sido una prueba de evaluación política de los nuevos dirigentes panameños. El resultado, a mi juicio, fue positivo.

 

Mucho se ha comentado el papel que Carlos Andrés Pérez tuvo durante los 21 años de la dictadura pero cualquiera que haya sido éste, debe tenerse en cuenta para una justa apreciación el rechazo a Noriega y su atención a los problemas y necesidades democráticas de los panameños, de otro modo se faltaría a la verdad.

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<>Artículo publicado el  13  de enero de 2011  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
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