La paja en el ojo ajeno

La opinión de…

Paco Gómez Nadal

 

Hay déficits de espejos en Panamá. Parece mentira en estos tiempos que corren, cuando la imagen es tan importante y el maquillaje hace tan poco, que el excelentísimo (Zúñiga dixit) no tenga espejos para mirarse y para mirar a su Gabinete antes de andar señalando la paja en el ojo ajeno sin percatarse de la viga que lleva atravesada en su cristalino.

Martinelli asegura que no busca la reelección en 2014, porque al terminar su administración va a “gozar la vida” y a divertirse, pues tiene “muchas otras cosas más interesantes que hacer en la vida que estar en este puesto [el de Presidente],   aquí me critican por todo lo que suceda en el país, es el puesto más solo que hay, amigos falsos y enemigos verdaderos”, según reseñaba Telemetro después de entrevistarlo.   Desde El Malcontento nuestra más absoluta solidaridad con este hombre que sufre cada día por un puesto que le costó millones de dólares y años de rejuego político.

Debe ser por eso que al Presidente le molestan tanto los insultos; quizá por eso mandó a Agustín Shellhorn a presentar la iniciativa para penalizar el difícil y sutil arte de insultar en el que solo incurrimos los que no somos cargos electos. Si Martinelli y su tropa (tropa no es insulto) utilizaran espejos, quizá deberían primero modificar su lenguaje.

¿Recuerdan aquel bello poema de José Raúl Mulino dedicado a los obreros de Suntracs:   “Maleantes de mierda”?; ¿se han olvidado de cuándo el Presidente, en plena crisis de Bocas del Toro, dijo que “en el PRD hay un poco de kamikases a quienes les importa un bledo el país o cuando calificó al Parlacen como “una cueva de ladrones”?; ¿quizá habrá que recuperar aquellas magníficas aseveraciones de Mulino y de Alma Cortés calificando a los bocatoreños como indígenas borrachos y maleantes?   Esta pequeña lista quizá le hubiera servido a Shellhorn para responder a la pregunta de Álvaro Alvarado sobre qué es un insulto para él.

Pero la cosa es más sutil. A falta de espejos, el Ejecutivo se olvida de otra forma de insultar más refinada que ha utilizado desde el principio de su mandato: las acusaciones falsas para ensuciar el nombre de las personas.

Algunos ejemplos recientes: las inspecciones tributarias “sospechosas” a periodistas reconocidos en el país; los ataques permanentes a la procuradora Ana Matilde Gómez; Giselle Burillo acusando a la sociedad civil organizada de ser responsable de “una conspiración perversa contra el Gobierno y la paz social en Panamá”; varios miembros del Ejecutivo y de la alianza oficialista distorsionaron hasta la estupidez las declaraciones de Mauro Zúñiga sobre la desaparición de Valentín Palacios hasta convertir en verdad una mentira; la dirección de Migración aseguró en repetidos comunicados que el autor de esta columna era un defraudador de impuestos y cuando demostré lo contrario no pidió disculpas ni públicas ni privadas…

También podría considerarse como un insulto al país el hecho de que un tercio de la población lleve sin agua potable desde hace casi un mes, o que la oficina de la primera dama pida donaciones para los damnificados de las lluvias, cuando el Gobierno contrata sin licitación con la alegría de quien no ha puesto la plata, o que las víctimas de la represión de Bocas del Toro sigan esperando una justicia que no va a llegar…

Ante este gobierno maltratador y grosero en el uso del lenguaje parece un chiste de mal gusto la propuesta de condenar con cárcel a los que, según ellos mismos, insulten al Presidente o a cualquier funcionario electo.

Revista Sospechosa de Noticias (nuevo apartado para pelar el ojo):

1. Aparece de la nada la asociación Ngäbe Jädrán Nigwe Nirien que tiene plata para pagar una página completa de publicidad en los periódicos nacionales, que es recibida al día siguiente por el ministro de Comercio y que, “casualmente”, está a favor de la explotación minera de Cerro Colorado.

2. Como ya denunció Asvat, Crítica da una versión sin fuentes decómo fue el ataque panameño a los campamentos de las FARC. Nuevos dueños, nuevas técnicas de contaminación informativa.

3. Se van conociendo datos del Censo y todos son sorprendentes. Algunas conclusiones: la población afrodescendiente del país debe estar utilizando polvos blancos para esconderse; los ngäbe tienen razón al pedir más territorio comarcal, si más de la mitad de su población vive en Bocas del Toro.

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Este artículo se publicó el 11  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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