De clanes y amanuenses políticos

La opinión de…

 

Antonio Saldaña

Las palabras de los supuestos líderes del PRD (miembros del CEN transitorio y precandidatos presidenciales) quienes se habían ufanado proclamando a los cuatro vientos que el partido soñado por Omar seguía siendo en la actualidad un partido sin dueños, han quedado en entredicho a raíz de las recientes declaraciones políticas y renuncia pública del secretario de prensa del PRD.

Y ello es así por cuanto que además de las arandelas mediáticas y delaciones del amanuense –persona que tiene por oficio escribir [o decir] lo que se le dicta– el acto refleja en el fondo el carácter de la crisis poselectoral irresuelta del PRD y la naturaleza de la composición de su directiva provisoria.

En efecto, luego de la histórica y aparatosa derrota electoral sufrida por el PRD en las pasadas elecciones presidenciales de 2009, todos esperaban –en una democracia moderna y en un partido ideológico y sin dueños, ocurre así– un cambio y renovación total de las directivas; pero lo que aconteció fue un asalto a la cúpula del PRD, a punta de macuquina, propiciado por clanes políticos [Grupos predominantemente familiares unidos por fuertes vínculos y con tendencia exclusivista (RAE)], verbigracia, como el de los pueblos.

De manera que lo ocurrido con el ex secretario de prensa del PRD no es un hecho aislado o producto de una actuación personal, sino más bien la respuesta contundente de uno de los clanes oligárquicos que cohabitan en la cúpula, dirigida como un misil a los testaferros de las otras camarillas políticas; las cuales en su conjunto mantienen secuestradas a más de medio millón de almas perdidas por la demagogia y el clientelismo político.

Pero, por supuesto, el escenario interno del PRD anteriormente descrito no es una situación políticamente irreversible. Para revertir el estado caótico y antidemocrático de ese colectivo, sus prosélitos deben emprender una cruzada política, como la iniciada por los torrijistas de Chiriquí y Coclé, para adoptar nuevos delegados y que este proceso culmine con la celebración de un congreso general ordinario para elegir las nuevas autoridades del partido.

Único camino, que además de legalidad le daría legitimidad política, tanto al Comité Ejecutivo Nacional, como a las directivas de Áreas de Organización, distritales y de corregimientos.

¡Así de sencilla es la cosa!

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Este artículo se publicó el 14  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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