¿Cortina de humo o suicidio político?

La opinión de…

 

Jaime Cheng P.

Justo cuando empezaban a tomar vapor las acusaciones de corrupción, lavado de dinero y amenazas de extradiciones por terrorismo entre la cúpula dirigente del PRD y algunas figuras claves gubernamentales del partido Cambio Democrático, nos llega la ventolina de la reelección presidencial directa.

Si resulta un suicidio político proponer una reelección presidencial como tema de discusión y aprobación, como algunos entendidos así lo manifiestan, ¿por qué, entonces, filtrar el asunto en momentos en los cuales existen muchos problemas de mayor relevancia para discutir y resolver en el país?, como por ejemplo, el inaguantable desabastecimiento de agua potable que amenaza la salud de los panameños, la presencia creciente de basura en la urbe capitalina que puede generar una epidemia de consecuencias incalculables, el problema de corrupción surgido en el Ministerio Público que está pendiente por deslindarse, etc.

No es nada nuevo en nuestro país, y muchos discípulos de Nicolás Maquiavelo parecen haber asimilado muy bien la lección de gobiernos pasados, que cada vez que estalla un escándalo o una revuelta que amenaza las estructuras de poder, se busque un tema como disuasivo a la situación imperante.

Así ha pasado con muchas protestas sociales que pusieron en jaque a los gobernantes de la dictadura y la post-dictadura. Se trae al escenario público algún hecho que desvíe y tenga mayor efecto de atención entre los ciudadanos, y algunos medios televisivos o periodísticos, lastimosamente, se han prestado para orquestar estas campañas maniqueístas.

Hablar de una reelección presidencial, teniendo como trasfondo histórico rechazos de la población que parecen muy sensibles a los desgastes e incongruencias de nuestros gobernantes, me parece un disparate. Sin embargo, este disparate podría resultar en “ganancias de pescadores” para algunos, como por ejemplo: el deseo de protagonismo político por parte de diputados para lograr algún impacto en la clientela electoral, forzar un desgaste premeditado de la figura del Presidente o buscar una medición de fuerzas y alianzas a lo interno de la unión Panameñista-Cambio Democrático.

En política, el tiempo de gestiones y acomodos tiende a duplicarse o triplicarse. Proponer, al son de “murgas y tamboritos”, en tan corto tiempo la discusión de una posible reelección presidencial, teniendo en cuenta que todavía faltan por ejecutar muchas promesas electorales que son sensitivas en la población, parece tener el tinte, no de un suicidio, sino de un “homicidio político”.

Lo cierto es que, en los pocos días que van de este nuevo año lunar del conejo, según la astrología oriental, el tema de la reelección ha unido, coyunturalmente, en una causa común al PRD y al Panameñismo, que no ocultan tener sus propias figuras presidenciales para la próxima contienda electoral. Parece haber sacudido también la luna de miel entre los mayores accionistas de la alianza del cambio, quienes habían mostrado un “matrimonio envidiable” hasta ahora.

Hay que observar con mucho detenimiento los silencios pausados del señor Presidente ante estos avatares del quehacer político preelectoral, porque como se dice en términos populares: “donde menos se espera, salta una liebre”.

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Este artículo se publicó el 7  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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