Propósitos de año nuevo

La opinión de…

 

Isabel Barragán de Turner

Nuestro amado y desventurado país padece de enfermedades crónicas, agudas y de gravedad extrema. El más aguzado de sus síntomas es la falta de justicia en todos los aspectos que engloba este noble término: la justicia económica, la justicia social, la justicia jurídico–procesal, en fin, la justicia que bien reparte todos los bienes comunes: los servicios de todas las dependencias estatales y gubernamentales, equidad en educación, salud, ocio y todo el resto de los derechos mil veces proclamados y otras mil veces más conculcados.

Cada año las agendas personales y gubernamentales se llenan de buenos propósitos, estoy cierta en que los buenos propósitos no son garantía de buenos resultados; empero conocer la intensidad del padecimiento nos podría guiar para intentar curar las amargas pesadumbres de nuestro país.

Un mal endémico que ha padecido la República desde su fundación es la desmesurada y vergonzosa incompetencia judicial y procesal que impide que se realice el anhelado deseo de justicia de este pueblo. Sobre el tema tengo dudas profundas: no sé si es ignorancia o intencionalidad, ambas son imperdonables y cuál peor que la otra.

Después del nefastísimo imperio de los militares, la Procuraduría de la Nación ha estado siempre en manos de no sé qué clase de eunucos que ignoran o se hacen los mal informados de lo que son los delitos, de lo que es la investigación procesal, lo que, en mayúscula, es la Justicia. Señalar que investigan mal, ya sea que lo hagan ex profeso o por ignorancia, en ambos casos, resulta imperdonable y amerita ser castigado: suspendido, inhabilitado y excomulgado del sistema judicial panameño per sécula seculorum.

Otro mal mayor es la descomedida, insolente y hasta desfachatada burocracia. Ninguna institución estatal y gubernamental está libre de esa insalubre carga. Se supone que la carrera administrativa debería haber frenado el desarrollo hiperbólico de las fauces de ese monstruo. Perdónenme que haga una mención personal: mi padre fue funcionario después de haber sido tendero de pueblo, durante la presidencia de Nino Chiari.

Tenía sólo educación primaria y para poder pertenecer al servicio estatal se le sometió a una prueba de conocimientos y habilidades. Él se comía las uñas por la expectación y los nervios: pasó la primera prueba y después siguió sudando nervios, porque lo sometieron, una tras otra, a cinco pruebas que él orgullosamente superó para ser clasificado de la mejor forma, posiblemente era mal compañero porque él no “wwwebiaba” como suelen hacer la mayoría de los funcionarios. La lenta, ineficiente e inhumana burocracia debe erradicarse, cueste lo que cueste, sobre todo de las instituciones de salud como la CSS, cuyos fondos pertenecen a los trabajadores y son administrados por el Estado,pero los gobiernos nunca se han enterado de esa simple pero contundente circunstancia, por eso los gastan como si fueran de ellos.

Hay muchos otros entuertos por destapar y solucionar. Con los anotados basta para escribir una agenda rica en buenos propósitos y trabajar denodadamente para que se conviertan en realidad verdadera. Y empeñarnos en que no nos defrauden en nuestro propósito de lograr nuestros caros ideales de Nación irredenta, porque el peor pecado de los gobiernos es defraudar, y peor aún, escamotear las esperanzas de este pueblo.

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<> Este artículo se publicó el 4  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que a la  autora,  todo el crédito que les corresponde.
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