Excelentísimo, déjeme escribir

La opinión de…

 

Mauro Zúñiga Araúz

Cuando empecé a escribir una columna semanal en el diario La Prensa fue con la idea de contribuir al debate sobre las formas que nos pueden llevar a construir la democracia absoluta, debido al fracaso de las doctrinas ideológicas puestas en marcha en el siglo XX. He tenido oportunidad de hacer algunos aportes, pero las constantes metidas de pata, manos, boca, codos y… del excelentísimo me han distraído de mi objetivo central.

Le recomiendo que coloque un edicto en todas las oficinas públicas en el que se señale que queda terminante prohibido, so pena de muerte, wilkiliquiar las actividades que realiza el inquilino del Palacio de las Garzas, porque ya estoy cansado de recibir informes de todo tipo: que hace unas semanas llegó al aeropuerto de Albrook un avión privado de Argentina y cuando se acercó el personal de Aduana se encontró con el excelentísimo en estado de embriaguez y con su acostumbrado idioma soez, de las francachelas en su yate, de los espectáculos nocturnos en las discotecas, de las comisiones en las contrataciones directas y en las pocas licitaciones públicas que se realizan, que ya no atiende los asuntos de Estado (tarea que realiza el ministro de la Presidencia), que cuando le envió el chat a la embajadora de Estados Unidos exigiéndole que pinchara los teléfonos de sus adversarios políticos no hubiera podido pasar la prueba del alcoholímetro, por eso, no lo recuerda, como lo dijo en su discurso del pasado 2 de enero.

¡Por favor!, yo no soy periodista, manden esos reportes a La Prensa, al Siglo, a TVN o a Medcom; ahora que Epasa volvió a ser Ersa en una transacción que hubiera puesto a llorar a don Harmodio Arias Madrid, infatigable luchador por la libertad de expresión. Que la empresa que él construyó fuera vendida, con alegrías y vítores, a una dictadura, lanzando a los valientes periodistas a las jaulas del poder, no lo hubiera permitido jamás.

Los que apoyamos a la familia Arias, de manera incondicional, a recuperar los periódicos que le arrebataron los militares, sentimos que un líquido rojo espeso se nos derrama por la espalda.

De los cables que la embajadora Stephenson envió a su país creo necesario considerar uno que es el más grave de todos: la amenaza del excelentísimo de expulsar a la DEA de Panamá. ¿Por qué ese interés? Esto abre un abanico de posibilidades. ¿Cuál es la verdadera relación que tiene Martinelli Berrocal con su primo preso en México por narcotraficante? Dice que es la oveja negra de la familia. ¿Alguien nombra a una oveja negra como tesorero de su partido? La publicación de la fotografía del excelentísimo en varios diarios de divulgación mundial, junto a dos sátrapas vinculados al narcotráfico, tira la imagen de Panamá en la última capa de basura de Cerro Patacón.

Recojo de Ebrahim Asvat lo siguiente: “El otro asunto que no me explico, y que aparece como un injerto sobre el tema de la solicitud para pinchar teléfonos de los adversarios políticos, es la referencia a un cable hasta la fecha no divulgado que asevera que un sobrino del Presidente ayudó a contrabandear decenas de millones de dólares del narcotráfico, mensualmente, a través del principal aeropuerto de Panamá”.

¿Tendrá la Fundación Martinelli que ver con todo esto? Si no es así, le aconsejo al excelentísimo que ordene una auditoría inmediata de su fundación a una firma de contadores públicos autorizados, que no tengan ninguna comunicación con él. Le puedo recomendar algunas. Por su parte, la acusación de miembros del PRD de que un ministro está en el tráfico de armas complica la grave situación del excelentísimo.

Los otros cables confirman las sospechas que muchos teníamos. La forma de su enriquecimiento original: explotando a sus empleados, tratando despóticamente a sus proveedores, vendiendo alimentos caros. Va a las ferias de Estados Unidos, a las que los empresarios norteamericanos envían los alimentos que están a punto de vencer y los venden a un precio irrisorio. El dueño del Super 99 envía a su gente a comprar esos alimentos y aquí los vende como nuevos.

No digo que las autoridades deben investigar la veracidad de esta información que me llegó de las interioridades de ese supermercado, porque en Panamá, el excelentísimo es la única autoridad. Tal vez la FAO lo pueda hacer, aunque no sé su grado de injerencia.

La coima para el excelentísimo es una palabra que forma parte de su fisiología. Para él no existe negocio sin coima. No nos sorprende lo de la solicitud de coima a la embajadora. Si no lo complacía en los pinchazos, imaginemos que otra cosa iba a pedir. Volviendo a las divulgaciones, Asvat agrega: “no había visto una aseveración tan dura contra un presidente panameño en los diarios norteamericanos desde 1988, cuando se publicaron las acusaciones a Manuel Antonio Noriega”. ¿Existe alguna diferencia entre ambos? Sí, el uniforme.

Una vez el ministro de Desarrollo Agropecuario le advirtió a Martinelli Berrocal que le iba a cerrar su matadero en Soná, por no cumplir con las normas higiénicas. ¿Qué sucedió? El ministro recibió una llamada de Noriega diciéndole que dejara tranquilo a Martinelli Berrocal. ¿Y el matadero? Despachando carne contaminada. Esa es la clase de sujeto que tenemos como Presidente. No le voy a pedir que cambie la ruta, porque él mismo se ajustó la soga al cuello.

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Este artículo se publicó el 5  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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