El parásito de la corrupción

La opinión de…

 

Diógenes A. Robolt C.

Sin temor a equivocarnos podemos decir que un parásito es aquel ser vivo que se nutre a expensas de otro ser vivo de distinta especie sin aportar ningún beneficio a este último. Este otro ser vivo recibe el nombre de huésped u hospedador, a expensas del cual se nutre el parásito, pudiendo producir en algunos casos daño o lesiones. Estos se caracterizan por ser portadores de sustancias que provocan en el hospedador una respuesta inmunitaria, de manera que el parásito debe vencer la acción del sistema inmune del hospedador para tener éxito. En los humanos se manifiestan síntomas de diferentes tipos y, después de una profunda investigación médica, se puede determinar cómo tratar la enfermedad.

La corrupción trabaja de igual manera en la sociedad actual y tiende a resaltar más cuando ocurre en instituciones públicas, precisamente, porque el ciudadano honesto, justo, responsable y que paga sus impuestos no acepta que un funcionario público incurra en delitos contra la administración pública, sin ser sometido a responsabilidad penal.

Cuando este fenómeno se manifiesta es importante iniciar una investigación profunda, a fin de detectar rápidamente dentro de la institución los implicados en el hecho y evaluar hasta dónde pudo ramificarse la figura delictiva. Se debe buscar e identificar su origen fuera de la institución y determinar de qué manera pudo penetrar este flagelo a la institución, o mejor dicho, al personal de la institución. Hay que determinar el nivel de daño causado por esta acción delictiva.

Al igual que los parásitos, los delitos contra la administración pública se ocultan en la institución por un periodo necesario que le permita salir nuevamente. Es por ello que recomendamos a quienes dirigen las instituciones públicas del Estado tomar en cuenta que el problema de la corrupción no termina sancionando a los culpables, sino que se requiere establecer una comisión de trabajo, compuesta por criminólogos, sicólogos, sociólogos, abogados y demás gremios como la Fundación Ética y Civismo, Cruzada por la Paz, la empresa privada, Transparencia Internacional, la iglesia y otros, que tengan la disponibilidad de estudiar a profundidad la forma más efectiva de prevenir los delitos contra la administración pública. La corrupción en los funcionarios siempre ha existido y existirá, mientras no ejecutemos planes de prevención. Como panameño de barrio, pienso que este asunto no es una carrera de velocidad, sino de resistencia.

Por ejemplo, los valores morales y éticos son un aspecto importante que debemos resaltar en las escuelas, para que tengan su efecto en los futuros gobernantes. Los ejemplos dados con los escándalos en instituciones públicas no son buenos mensajes para nuestra juventud, que tiende a imitar a los adultos.

Confío en Dios en que en 2011 los gobernantes, los especialistas en la materia y todos los panameños hagamos un esfuerzo para prevenir que los parásitos de la corrupción se hospeden en nuestras instituciones públicas.

 

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Este artículo se publicó el 3  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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