La decadencia del sistema político

La opinión del Comunicador Social…

EDWIN RODRÍGUEZ
edwinhr50@hotmail.com

Las ‘contradicciones’ entre partidos de la alianza, en relación con el pacto que acordaron líderes de la cúpula en el poder, han llegado a uno de los puntos más degradantes. Pero no pretendemos imaginar que será el único ni que todo termino allí; Es sólo uno de los capítulos de la decadencia del sistema político que se vive en las últimas décadas. En medio de la crisis del agua, los capitalinos nos quedamos estupefactos ante la ‘discusión’ entre los honorables diputados sobre el acuerdo de Embajada para establecer la alianza electoral en el 2014.

Lo que se promovió en las postrimerías del 2010 y el inicio de este nuevo año en la Cámara de Diputados y los medios fue denigrante para el recinto legislativo, para el poder que representan y desde luego para los ciudadanos. Los actores del espectáculo bochornoso y lamentable, constituyen un factor de agravio para sus representados y que deja entrever el colapso y la precariedad política que afecta el Recinto parlamentario.

La alianza legislativa, bastante afín, en muchos temas y acuerdos, se quebrantó circunstancialmente, por defender intereses políticos-personales, por encima de los del pueblo.

No obstante, soslayaron algo importante. Y es que la política se realiza con conductas y comportamientos dirigidos al bien común. Atrás quedaron la civilidad y los buenos modales. Se olvidaron de las reglas mínimas de comportamiento, y sacaron a relucir parte de la artillería disponible.

El Parlamento de diputados tuvo uno de los episodios más lamentables de esta administración. Si bien, dejaron entrever varias diferencias, en este sentido, diría que el diálogo fue sustituido por insultos, descalificaciones y acusaciones. En tanto, los honorables diputados no se preocuparon y mostraron absoluta indolencia por la adversidad ajena; ni por la multiplicidad de problemas que nos agobian, no obstante, decidieron ventilar sus diferencias ante la opinión pública. Antes de discutir, referente al ante proyecto de ley de penalización del vilipendio; más bien, es imperativa legislar sobre su auto censura.

Este tipo de episodios hace que mucha gente confirme un prejuicio muy arraigado: la política es esencialmente sucia, algunos políticos claudican, terminan siendo comprados o asimilados por ‘el sistema’. Sin embargo, la pregunta es ¿hasta qué punto esta decepción es fruto de que creamos expectativas irreales de las virtudes y capacidades de los candidatos, de nuestra inmadurez, de nuestra ignorancia e ingenuidad respecto a cómo funcionan la política, el Estado, las políticas públicas? El problema es que la consecuencia práctica de esto es alejar a personas valiosas de la política, con lo que esta tiende a quedar en manos de los menos capaces.

Se dice también, que la política es sucia, aunque no por ello menos digna. Hay muchos trabajos sucios, necesarios y dignos, como los que hacen recogedores de basura o limpiadores de tuberías de desagüe, por así decirlo. En otras palabras, es necesaria la participación política, pero siendo conscientes de que toda empresa colectiva implica renuncias y tolerancia, y que la relación con los adversarios pasa necesariamente por la negociación y las concesiones.

Finalmente, en su libro El político y el científico, Max Weber, dice que dejar la puerilidad política implica entender que ‘la realidad es que en su dinamismo ya no es lo bueno lo que solo produce el bien y lo malo el mal, sino que, a menudo, suele ocurrir a la inversa’. Ahora bien, esto no implica caer en un realismo cínico. Weber también dice que ‘es completamente cierto, y así lo prueba la historia, que en este mundo no se consigue nunca lo posible si no se intenta lo imposible una y otra vez’. Otra manera de verlo es recordar que la política debe ser entendida como ‘el arte de hacer posible lo necesario’. Debemos reflexionar en esto para las próximas elecciones.

¡Lo más atroz de las cosas malas de la gente mala, es el silencio de la gente buena! Mahatma Gandhi.

<> Este artículo se publicó el 11  de enero de 2011  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.
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