El derecho a ofender

La opinión del Abogado,  Locutor de Radio  y Escritor….

LUIS  CARLOS  GUERRA
guerraluiscarlos@hotmail.com

Llegan a mi memoria trazos de expresiones del señor RICARDO MARTINELLI BERROCAL, hoy Presidente de la República de Panamá, cuando en algún momento de campaña decía, parafraseándolo, que la gente protestaba porque las autoridades no los atendían, no les solucionaban los problemas, de ahí el cierre de calles.

Paradójicamente, una vez en el poder, sanciona una ley que penaliza hasta con dos años de cárcel a quienes cierren las calles como medida de protesta.

Hoy, a un año y meses de gobierno, vuelven a impulsar, dejando manifestar intenciones dictatoriales que pareciesen encubrirse por periodos pero que se mantienen latentes en el cavilar de sus aspiraciones; un proyecto de ley para proteger al Presidente y a los Servidores Públicos de supuestas ofensas, ultrajes o vilipendios, que según sus proponentes, diputados oficialistas de Cambio Democrático, se sustenta en que ‘la comunidad panameña ha sido testigo del uso desmedido y exacerbado de la crítica y la calumnia alegre contra el Presidente de la República’.

La pregunta que surge ¿es acaso el Presidente de la República una divinidad?, por ende se le excluya del cuestionamiento e indagación permanente que inquiere la ciudadanía. Los zapatos del pueblo lo son también sus costumbres y formas de expresión, no se puede ser o no ser al mismo tiempo, por eso la principal contrariedad de un gobierno que vendió falsamente los intereses de un pueblo primero como eslogan de campaña, para después reconocerse y decidir cómo un gobierno de empresarios.

Quieren imponer a fuerza mediática que si no se está de acuerdo con sus propósitos, la población entera es reacia al cambio, que si se les critica nadie tiene autoridad moral, que si el pueblo está insatisfecho con la calidad de los servicios y la manera como manejan el país, el pueblo es inconforme.

Pretenden ahora tomar como ofensas las constantes quejas de la población, que no tiene otra forma de responder, sino con esas palabras que ellos consideran calumnias e injurias y no lo interpretan como realmente debe ser, frustración ante las promesas incumplidas.

Quién ofende primero sino aquel que toma por tontos útiles a una población que engaño con falsas promesas, cuyo gabinete se caracteriza por meter la pata e insultar a cuanta persona se le oponga o difiera; ellos han creado el animus injuriandi en cada uno de los panameños, que no es más que un animus defendi, pues al parecer, el tratar de dialogar con ellos o hacerles ver sus errores de la manera más democrática implica ser ignorados e igualmente vilipendiados o en el peor de los casos perseguidos judicialmente.

La población se siente ofendida y no interpretan como injuria o calumnia el derecho a ofender que les asiste ante tanta incompetencia.

*

<> Este artículo se publicó el 9  de enero de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.
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