Transfusión tecnocrática: una necesidad sentida

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La opinión del Abogado y Odontólogo, Decano de la Facultad de Odontología de la Universidad de Panamá (UP)….

Omar  O.  López  S.

El hombre es un animal político, nos decía hace ya un tiempo Aristóteles. Los políticos accionan los sistemas, y sin embargo resuelven o enredan mayormente las cosas. En la concepción de este filósofo griego, las relaciones entre los hombres quedan justificadas como naturales en función de la estructura orgánica de la polis (la ciudad), lo que deja ver que en las mismas existe la sumisión de hombres y el mando de otros, y según él  “Porque el regir y ser regidos no es solamente cosa que la necesidad requiera, sino también cosa conveniente; y ya desde el nacimiento de cada uno salen unos para ser mandados y otros para mandar”.

Esta acepción ciertamente histórica ha permanecido vigente en el entramado social del hombre pero en nuestros tiempos no es totalmente cierto que los que dominan o mandan sean los poseedores exclusivos de un poder muy especial: el conocimiento.

Si bien es cierto que el ser político abre ventanas y cataliza oportunidades, el conocimiento que lleva implícito en su área de competencia si la posee, se va disminuyendo por falta de una permanente capacitación.

Esto no es cierto completamente, pero es importante para la toma de decisiones en materia de competencia cuando se llevan los destinos de muchas personas. Lo ideal es un balance entre lo político y lo tecnocrático, sin la idea de querer suplantar el poder político en lugar de apoyarle con un buen asesoramiento para llegar a ejercer la función decisional.

No se pretende retomar el concepto de tecnocracia en su forma pura queriendo aceptar que solo debe considerarse todo lo cuantificable y dejar de lado los principios y criterios de orden moral. Debe existir una simbiosis entre el ámbito de los fines conjugada con el de los medios en donde la razón y la verdad estén dinamizadas bajo un cuadro de valores y principios en los que se enmarca la vida social.

Dejar a un lado lo que Hobbes planteó como “El hombre es el lobo del hombre”, en el que debido a un enjambre de pasiones existentes, obnubilan la razón y nos llevan a la destrucción del sistema que hemos pretendido utilizar para funcionar en el marco de la razón, la verdad y de acuerdo a principios de orden ético y moral.

Ser político es saber manejar con razón y discreción situaciones del diario vivir que tienen impacto en el entorno social y que deben ser tratadas en el marco del conocimiento y del manejo puntual racional con la asesoría de quienes conocen un poco más del tema que nos pueda afectar.

No podemos volver sobre nuestros pasos ante decisiones ya tomadas y que enmarcan hechos fallidos, pero si podemos caminar con buen paso y previsión con una transfusión tecnocrática adecuada y pertinente que nos permita gobernar exitosamente.

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<>Artículo publicado el 5 de enero de 2011   en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
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