Sobre la información, los informantes y el informe

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La opinión de…

Juan Carlos Ansin 

WikiLeaks resultó ser una bomba informática de conmoción masiva. No tanto por lo que hasta ahora se ha revelado, que en su mayoría no pasa de chismes y de confirmar que la diplomacia de USA debe ser muy aburrida. Ocuparse de enviar información basada en opiniones y sospechas emitidas por comentaristas inescrupulosos o por funcionarios amargados, dibuja un panorama patético del país que toma decisiones basado en datos subjetivos con objetivos predeterminados.

La información es un derecho vinculado al conocimiento, pero también puede ser una mercancía publicitaria o un instrumento de poder. La importancia de toda información radica en su capacidad de afectar el sistema. En este caso particular, la capacidad de conocer o entender algo que afecte la toma de decisiones políticas. Es por eso que la información y la libertad de expresión van de la mano. Si no somos libres de recibir y dar información, tampoco lo somos para expresar nuestras opiniones. La información, es pues, materia prima del conocimiento y herramienta del progreso.

De modo que el peligro de las revelaciones de WikiLeaks no está sólo en la información revelada, sino en el uso que el gobierno de Estados Unidos haya hecho con los informes de sus “funcionarios espías”.   Algo que deben recordar muy bien el ex presidente Pérez B. y Samantha Smith.   Ni qué decir cuando nos desayunaron con que el Comandante en Jefe Noriega era empleado de la CIA. Me pregunto si algún WikiLeaks revelará a presidentes informantes de gobiernos extranjeros.

Algunos chismes sobre nuestros funcionarios causan estupor por su ingenuidad y la hipocresía manifiesta de la política criolla. Quizá sea muy poco interesante saber qué medicinas toma fulanito, o con quién viaja zutanito, pero sí lo sería conocer la actividad de cabilderos republicanos influyentes, que tal vez tengan su quinta columna en el mismísimo Palacio de las Garzas, para petardear posibles competidores con algún gallinazo oculto. Las presiones de USA para favorecer a sus empresas y eliminar a sus competidores, no es novedad alguna, ya pasó aquí con el puerto de contenedores y la empresa china que ganó la licitación. Esto demuestra la falsedad de la pregonada libre competencia y demás utopías pseudoliberales con que suelen camuflar tratados.

Algo debe quedar claro en esta tragicomedia del siglo XXI: La información, venga de donde venga, es un bien público que debe gozar de los mismos derechos que tiene la libertad de expresión. Dicho esto, la forma de obtenerla, es importante. Robar información clasificada, torturar enemigos o escuchar comunicaciones privadas sin autorización judicial, son delitos que deben ser castigados. Pero no puede condenarse al que lo publica, sobre todo, si advierte de su contenido antes de hacerlo público. En el caso de la revelación de la identidad de la agente secreta encubierta, Valerie Plume, por Scooter Libby –a la sazón, consejero del vicepresidente Cheney- fue condenado por cuatro de los cinco cargos de los que había sido acusado. Ninguno por haber revelado información secreta. Terminó siendo parcialmente perdonado por Bush 43.

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<>Artículo publicado el 9  de enero de 2011  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.   Lo resaltado lo hicimos nosotros.
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