Lecciones plumíferas

*

La opinión de…

Eliécer Rodríguez 

Por alguna de esas raras intuiciones que subyacen en las mentes de las buenas madres, cuando aún era yo un mozalbete sin futuro cierto, mi progenitora me asió el brazo llevándome al patio trasero de la casa, se detuvo justo frente al árbol de calabazo. “Quiero que aprendas una lección muy importante, te servirá para cuando seas grande”, expresó con absoluta certeza. 

Transcurrían los primeros años de la década de los 60, se avenía el crepúsculo de un hermoso día de verano en un poblado muy cercano a la frontera con Costa Rica llamado Gariché y las gallinas de doña Emérita se enrumbaban a escalar por el tronco recostado sobre el calabazo, prestas a rendirle tributo a “Morfeo”.

“Observa bien lo que va a suceder, mira las características de los primeros animales que suben, también de los últimos”. -¿Observaste?- Preguntó. Aunque veo a los primeros subir hasta lo más alto del árbol, por ahora lo único trascendente aquí es una hermosa rubia enseñándole a su hijo cómo suben las gallinas al árbol, respondí todavía confuso por la lección. “Bien, por ahora la primera parte, mañana seguimos”, concluyó.

Durante toda la noche cavilé sobre el propósito de la enseñanza y la verdad caí rendido del sueño, pero pude entallar en mi joven mente las características de todas las gallinas que subieron al árbol.

Al día siguiente mi madre nuevamente me lleva hasta el calabazo, a la misma hora. Cuando las emplumadas empezaban a escalar, doña Emérita me recuerda que las primeras en subir el día anterior por alguna razón inexplicable se retrasaron, siendo las últimas en acomodarse. ¿Dónde está la lección? Pregunté atónito.

Sencillo, ripostó, las primeras en subir ayer defecaron sobre las últimas en hacerlo y hoy ocurre algo similar, pero inverso, les toca recibir lo que ayer alegremente evacuaron.

Cuando seas grande, solo te pido que no seas político, pero si llegas a serlo, o simplemente un empleado público, no olvides que si tienes la ocasión de escalar posiciones no hagas lo que hacen las gallinas, echarle a quienes están debajo lo que no quieres te devuelvan a ti mañana.

Por supuesto quedé perplejo, acaso mi madre profetizaba que sería servidor público toda la vida, o visualizaba ella a uno más de los gárrulos que desde un hemiciclo expelen sobre toda una población incauta e indefensa, olvidándose que la tierra da vueltas, para encontrarlos mañana recibiendo de otros lo servido en pócimas abominables tiempos anteriores.

Sin duda la lección de mi madre cinceló en mi espíritu el deber ineludible de servir al prójimo desde la perspectiva cierta que mañana puedo ser yo quien requiera lo que hoy dispenso.

Por esta y muchas otras lecciones poderosas, rindo tributo a mi madre convaleciente, doña Emérita, una dama de inmensa sabiduría, belleza admirable a pesar de sus 80 y tantos abriles, de cualidades diplomáticas casi extrasensoriales, a pesar de no alcanzar siquiera el título de primaria. Como lección, las gallinas ilustran cuan prudentes debemos ser en nuestro proceder cuando estemos en la cima y como moraleja, profetiza sobre tus hijos un oficio menos aberrante que el de servidor público en tiempos de locura.

*
<>Artículo publicado el 7  de enero de 2011    en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: