La segunda o doble vuelta electoral

La opinión del Abogado, Político independiente…

Juan Manuel Castulovich 

Para instituir la segunda vuelta no se requiere de una reforma constitucional; basta con una Ley. La Constitución dice, en la primera parte de su Artículo 177, lo siguiente: “El Presidente de la República será elegido por sufragio popular directo y por la mayoría de votos, para un período de cinco años.” Obsérvese que dice “la mayoría” y no, simplemente, “mayoría”. La Ley en cuestión, en desarrollo y aclaración de ese artículo deberá decir: “Cuando ninguno de los candidatos presidenciales obtenga la mayoría, o sea, el 50% de los votos, los dos más votados concurrirán a una segunda vuelta que se realizará treinta (30) días después de la primera elección”.

A la segunda vuelta me he referido en varias ocasiones. Comencé a hacerlo hace casi veinte años, cuando fui parte del gobierno de Guillermo Endara. Sostuve entonces, y sostengo ahora, que de haberse establecido, el PRD (eso explica su radical oposición actual) no hubiera podido regresar en 1994, cuando ganó las elecciones con el 32% de los votos que, en cifras reales, representaba, si acaso, a un 25% de los electores habilitados para votar.

De acuerdo con la interpretación, políticamente absurda, que hasta ahora se ha mantenido, se tergiversa el sentido lógico y común del texto citado arriba del Artículo 177 de la Constitución. En todas partes del mundo, por “la mayoría” se entiende la mitad más uno de los votos emitidos cuando un tema o asunto se somete a votación. Y, salvo que de otra manera, y expresamente, se especifique otra clase de mayoría, no cabe otra interpretación del concepto.

Por consiguiente, si nuestra Constitución dice que el presidente, o la presidenta, serán elegidos por “la mayoría de votos”, en un recto sentido debe entenderse que el texto constitucional exige, como mínimo, la mitad de los votos válidos. Entender, y lo que es peor, interpretar que la elección presidencial se puede decidir por “mayoría relativa”, conduce a resultados absurdos, como el que se dio en 1994, cuando, de acuerdo a esa perversa interpretación, se consideró legítima, a pesar de su rampante falta de representatividad, la elección de Pérez Balladares.

Mireya Moscoso y Torrijos obtuvieron el 42% y 47%, respectivamente. Y, por tanto, sus mandatos fueron más representativos de la voluntad popular. Y más aún el de Martinelli, que superó el 60%. Pero así como las tres últimas elecciones han ido dejando atrás la aberración que representó la elección de 1994, de no corregirse el sistema, bien podría ocurrir que en una futura contienda electoral, reñida, a la que concurran 4 o 5 candidatos, el ganador resulte electo con poco más del 20%. Matemática y políticamente sería posible.

El establecimiento en Panamá de la doble vuelta no sería como hincar “una pica en Flandes”. Ya existe en la mayoría de los países latinoamericanos y, por su comprobada efectividad, la tendencia es a su extensión. En la mayoría se requiere de la obtención del 50% de los sufragios para ganar en la primera vuelta. Ese el porcentaje que deberíamos exigir en Panamá. La segunda, o doble vuelta electoral, prevista para el caso de que ninguno de los aspirantes alcance el 50% de los votos, tiene ventajas que superan, de lejos, las desventajas que se le atribuyen. El sistema de doble vuelta permite que puedan surgir “nuevas alternativas políticas” que, bajo las circunstancias hasta ahora vigentes, terminan “siendo ahogadas” por “la polarización” en las dos candidaturas principales que ha sido recurrente en las elecciones panameñas. Y el argumento de que con ella se propiciarían “arreglos” para conquistar los votos de los candidatos que resulten descartados en la primera vuelta, encierra una enorme falacia. Más perjudicial para la consolidación de una verdadera democracia es que previamente, y como hasta ahora ha ocurrido, se “negocien” alianzas y repartos anticipados de “espacios políticos.” La segunda o doble vuelta electoral serviría para acabar con los nefastos caciquismos electorales impuestos y, en definitiva, pondrá en manos del pueblo, único y auténtico soberano, decidir qué candidato es el mejor, o el “menos malo” que, a la larga, es más democrático.

<>
Artículo publicado el  11  de enero de 2011  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: