Abdénago Domínguez: A propósito del fracaso estudiantil

La opinión del Abogado..


Silvio Guerra Morales 

Apropósito del multitudinario fracaso estudiantil en la educación media, ha venido a mi mente la egregia figura de un consagrado apóstol de la educación panameña a quien quiero rendir homenaje en vida.

 

Siendo estudiante del Primer Ciclo que operó, algunos años, en la Escuela Primaria José María Barranco, del Distrito de La Chorrera, allá por el año 1974, ya lo advertíamos, como Director del Colegio, recibir con grata sonrisa, sin renunciar a la disciplina, a los estudiantes.

Aún resuenan en mis oídos aquellas jalonadas: “Jovencito, la basta del pantalón está muy corta”, “Señorita, recuerde que la falta debe estar por debajo de la rodilla”, “Tiene Usted la camisa mal puesta, favor no dejar bultos de la camisa en la cintura”, “Péinese mejor”, “Jovencita se prohíbe entrar con las uñas pintadas, no puede entrar al colegio”, “Ese corte de cabello no es propio de un caballero”, “Usted debe estar en el salón de clases, permanecer en él, no deambular por los pasillos” , “Y si no deléitese en la lectura, vaya a la Biblioteca del Colegio”.

Posteriormente, cuando nace el Colegio Moisés Castillo Ocaña, nombre que se le da en bien merecido honor al célebre poeta chorrerano del mismo nombre, es designado y por muchos años lo fue, como el primer Director del Plantel. Hice todo el segundo ciclo en dicho colegio. Nuevamente me tocó vivir los rigores de una disciplina que no indigesta ni causa mal alguno. Otra vez: “Jovencito…, jovencita…”. Algunos estudiantes, cuando lo veían pasearse, cual noble inspector del plantel custodiando el proceso enseñanza-aprendizaje, no sé si llenos de pánico, corrían hacia el salón previniendo: “¡Viene Abdénago Domínguez!”.

Sí, sin duda alguna que estoy hablando del Profesor Abdénago Domínguez. Preclaro Maestro que es de la Educación Panameña y conspicuo amante del arte de enseñar bien y de preparar, para la vida, a las almas núbiles. Orgullo invariable de los chorreranos. Siempre han brillado en él su acendrada devoción, como maestro que es del idioma Español, la brillantez en su expresión del buen hablar; nunca hizo concesiones o dio perdones a las faltas ortográficas y tampoco dio cabida a una expresión o palabra mal estructurada o dicha.

Recuerdo que, cursando ya el último año de la secundaria, la profesora de la materia Español, por incapacidad médica, tuvo que ausentarse por más de un mes, y él, siendo el Director del Colegio, nos impartió las clases. En esos cortos días aprendí de literatura universal lo que después con lecturas sistemáticas pude afirmar y ampliar.

Moraleja: Ciertamente que tenemos un indeseable y creciente fracaso de nuestros muchachos en las escuelas. La asistencia a los colegios de los que rehabilitan nos da la impresión de que las clases no han culminado. Son montones. Sin embargo, pienso que hay un problema de fondo: el proceso de la enseñanza-aprendizaje implica a estudiantes y a educadores. Pero al estudiante lo precede la familia y al educador le precede el sistema de formación. Sin duda alguna, que en estos eslabones debemos buscar la causa del por qué los muchachos no quieren estudiar o aprenden mal o demuestran cierta apatía por el estudio.

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Artículo publicado el  7  de enero de 2011  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
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