Un Mensaje de Año Nuevo

La opinión del Periodista…

Juan B. Gómez Amador 

Como ya deben estar enterados, en el último mes he tenido problemas graves con mi salud.   Y como en los cuarenta años de mi programa Impacto, por Radio Chiriquí, siempre que he estado en el país, he venido a darles mi mensaje de Año Nuevo.

Podría hablarles de muchas cosas, pero quiero ir a lo esencial de esos mensajes anteriores.

Siendo un joven estudiante del Instituto Nacional leí una frase del filósofo chino Confucio, que marcó buena parte de mi conducta futura.

Ese pensamiento decía: “Vive hoy como si fueras a morir mañana; libre tu corazón de odios y prejuicios; en paz con Dios y con los hombres”.

Y hoy en las proximidades de un Año Nuevo, quiero volver sobre lo que dije a través de cuarenta años.

Yo decía entonces, y lo ratifico hoy: que tenía que darle gracias a Dios por tres cosas: primero, porque me permitió vivir, tantos murieron. Segundo, porque me dio salud, tantos no la tuvieron, y tercero, porque me permitió vivir con dignidad.

Este último agradecimiento a Dios, francamente, normó mi vida –hasta donde pude. Creo que sin dignidad la vida de un hombre pierde el centro de su existencia.

Con respecto a mi salud, este año, como todos saben, ha tenido sus fallas grandes. Y aun así, agradezco a Dios que me permite estar hablándoles a ustedes en este fin de año.

Ayer, hablando con los amigos Roger Patiño y Librado Montenegro, les decía que si Dios me lo permite escribiré un ensayo sobre cómo ve la vida un hombre que se aproxima a los ochenta años de edad.

Siempre me he considerado un hombre amante de la vida; y por eso amo sus cualidades principales: la salud, la inteligencia, el amor y las emociones intransferibles del espíritu y del honor. La inquietud que siempre he mantenido por penetrar –lo impenetrable- que es Dios.

Cada día me convenzo más de nuestra propia pequeñez. Se imaginan, que somos menos, mucho menos, que un grano de arena en un inmenso arenal. Y que aún la Tierra, nuestro planeta, es nada frente a los cientos de miles de millones de astros que pueblan el cielo, muchos de ellos más grandes que la Tierra.

Finalmente, pues, no somos nada.

Pero, un momento, situándonos en el pequeño espacio que nos toca vivir; el Hombre, muchos hombres se han agigantado y han realizado una obra descomunal.

Por eso, la gran paradoja: el hombre, infinitamente pequeño en el universo, ha creado obras inmensas dentro de su vida. Pensemos en Jesús, Lincoln, Einstein, Edison, Galileo, Bill Gates y en todos los líderes que han alejado grandemente al hombre de la bestia.

A esos grandes hombres tenemos que reverenciarlos, y rogar que cada día haya más como ellos.

Siento que los canso con estas viejas creencias. Hoy solamente he venido a desearles a todos ustedes muchas felicidades; y que el Nuevo Año nos traiga a un hombre aún mejor, para que la raza humana pueda darle las gracias a Dios por tantas bendiciones.

Eso, es lo que me ha traído hoy aquí. Con un fuerte abrazo cordial, desearles que el Nuevo Año los colme de felicidades.

<>Artículo publicado el  8  de enero de 2011  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
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