Buses y mafias…

La opinión del Médico…

DANIEL   R.  PICHEL
dpichel@cardiologos.com

Termina 2010 y la última semana del año, nos trajo varias noticias interesantes que comentar. El 28 (curiosamente celebración de los Santos Inocentes), entró en operación el Metro Bus.

Al leer las crónicas de lo que fueron los primeros dos días de funcionamiento, se puede llegar a la conclusión de que los panameños tenemos tal grado de alergia al orden, que todo aquello que intente poner reglas confrontará muchísimos problemas para implementarse.    Interesante que en un país donde se vota por cualquier pelafustán, cuyo mérito comunitario es prometer un saco de cemento o regalar una cerveza, los usuarios del Metro Bus argumenten utilizando la pregunta “por qué”.

Entre las “quejas” más originales vi cosas como el cuestionamiento a que se tenga que entrar por la puerta delantera del autobús y salir por la trasera. La respuesta es muy simple. Una dice entrada, y la otra dice salida… Se critica que “hay que ir de pie”, mientras olvidan que, 24 horas antes, en los diablos rojos estaban acostumbrados a ir comprimidos, unos contra otros, con un calor infernal. No respetan los asientos destinados para embarazadas y discapacitados (del panameño no debe extrañarnos).

Consideran injustificado que el autobús se detenga tantas veces y que no frene estrepitosamente cuando alguien grita “¡parada!”. Aunque es normal que siempre exista una cierta reticencia a los cambios, lo que dijera el ministro Papadimitru es el argumento más lógico… “hay que tener paciencia” para ir arreglando los detalles hasta poder ofrecer un servicio como es debido. Eso sí, hay tres cosas que ojalá no cambien.

Que se pague al subir (que es la forma en que funcionan todos los sistemas de transporte público en el mundo normal), que los conductores cometan el “pecado mortal” de dar los buenos días (según algún usuario “es ridículo”) y que los asientos son muy duros para poder echarse la siesta mientras se llega al destino final (mejor no comentar).

Al margen de todas estas quejas, esperemos que este nuevo sistema permita no solo ofrecer mejor servicio, sino terminar con el monopolio que mantuvieron por tantos años el cartel de mafiosos que se ha dedicado a traficar con cupos, mientras tratan a los conductores casi como si fueran sus esclavos.

Y hablando de mafiosos… el jueves desayuné con la estupefacción que me produjo leer el titular que, con fotos en la mano, gritaban a voz en cuello que “estamos gobernados por una mafia”.   Si buscamos la definición de esta palabra en el diccionario de la RAE, encontramos tres acepciones:

1. Organización criminal de origen siciliano, 2. Cualquier organización clandestina de criminales, y 3. Grupo organizado que trata de defender sus intereses. Si vamos a la primera acepción, sospecho que no aplica por razones geográficas, mientras que la tercera, clasificaría como “mafia” a casi cualquier gremio en el mundo.

Sobre la segunda; me pareció de un cinismo descarado que sean precisamente ellos quienes denuncien semejante cosa.    Francamente, nunca en la historia de nuestro país hubo una organización criminal más organizada que la banda de gorilas y rastreros civiles que violaron cuanto principio ético existiera, durante los 21 años de dictadura.

Ahora, simplemente se limitan a hablar de “reconciliación”, “paz”, y “pasar la página” cada vez que alguien les recuerda sus fechorías.   No sé si da risa o náusea escuchar hablar de “democracia” y “respeto a los derechos fundamentales” a los mismos invertebrados que firmaban fallos en la Corte Suprema, exonerando a Noriega y su pandilla de cualquier vinculación con el narcotráfico, a quienes defendían las acciones de los militares en la OEA y la ONU, a quienes apaleaban “sediciosos” para congraciarse con la “gorilada” de turno y a vulgares pandilleros de barrio que se sentían muy valientes, mientras los protegía el statu quo.   Ahora, mucha de esa escoria se aprovecha de la democracia que nunca les interesó respetar, para “alzar su voz de protesta ante los abusos de un gobierno autoritario”.

Y no malinterpretemos… hay que defender las instituciones y los principios democráticos para que tengamos una sociedad que funcione. Por eso hay que escuchar cuando personas que en su momento atacaron lo que hacía la dictadura ahora manifiestan preocupación ante lo que perciben como abusos contra el sistema democrático.

Pero, escuchar discursos de “valores democráticos” de quienes nunca demostraron el más mínimo respeto por ese sistema, me parece totalmente falto de ética… Aunque en verdad… tampoco se le puede pedir peras al olmo…

Esperemos que el año 2011 nos traiga salud, libertad y prosperidad a todos en Panamá. Especialmente, a quienes más lo necesitan…

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Este artículo se publicó el 2 de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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