2011: ¿Qué nos espera?

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La opinión del Presidente del PARLACEN…

Dorindo Jayan Cortez 

jayan2258@gmail.com

Para la democracia panameña el año viejo deja un “mal sabor”. El debilitamiento institucional del Estado de Derecho no es ajeno al modelo de administración huérfano de vocación democrática. Las consecuencias, tarde o temprano, irán en desmedro de la “imagen de Panamá” y de las condiciones propicias para fortalecer el crecimiento económico. Panamá tiene, si se compara con los países vecinos, un ritmo positivo de las actividades económicas.

Esa estabilidad y patrón de crecimiento –aunque con poco desarrollo social, no surge como generación espontánea en los últimos dieciocho meses. El lustro anterior, así como los años de mediado de los noventa, crearon el ritmo económico favorable para las finanzas públicas y el grado positivo de inversiones. Esa condición, de tener una economía que se sobrepone a las constantes crisis por la que atraviesan muchos países de la región, es la que se pone en riesgo con la flaqueza institucional por la que transita el país. Esto, desde luego, va en detrimento de los miles de panameños en condiciones deplorable de vida.

¿Cuál fue el panorama del año viejo? Con la donación de Taiwán para la compra del avión presidencial se inauguran las quejas de importantes sectores que reclaman transparencia en la actuación gubernamental; luego fue el maltrato a la libertad de expresión, tan básica y esencial para las democracias; de seguido, el manejo que se le dio al nombramiento de la Contralora generó duros cuestionamientos por su vinculación (ex empleada de la Cadena Super 99), con el Presidente; igual ocurrió con la escogencia de los Magistrados de la Corte Suprema. En este caso particular, la sociedad civil, a través de la Comisión que recomendaría a los candidatos, se sintió engañada al desconocerse el trabajo para la cual la había designado el mismo Ejecutivo; habría que sumar, la salida de la Procurada General –por no seguir, según denuncia de la misma afectada, la agenda política del Ejecutivo; y que pensar de la crisis generada en el Ministerio Público y remoción del Procurador Suplente. Para colmo, los cables diplomáticos de Wikileaks, informan otra novedad referente al pedido del Presidente a la Embajada de los Estados Unidos para escuchas telefónicas de los opositores políticos. En fin, inestabilidad sin receso.

Esos sobresaltos en nada ayudaron al país. Fueron tantas las promesas que, en verdad, se creyó posible un Panamá orientado por caminos seguros para el desarrollo. Hoy, en la puerta de entrada del nuevo año, se respira decepción. La población creyó en el cambio verdadero que, para el común de la gente, significa “mejor calidad de vida”, salud igual para todos, programas de viviendas accesibles para los pobres y sectores medios; caminos de penetración para los productores. Ya es claro que el Panamá prometido en campaña dista mucho del Panamá que vivimos en el 2010. ¿Qué ocurrirá en el nuevo año? ¿Seguirán los cantos de sirena dominando el escenario nacional? ¿Se repetirá en el 2011 aquello de “el pueblo al poder“? ¿No es acaso criminal, jugar con el poder mientras que una sociedad entera es golpeada por la naturaleza? El tiempo dará las respuestas.

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<>Artículo publicado el 31  de diciembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
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