¡Un nuevo año de esperanza

La opinión del Pedagogo, Escritor, Diplomático…

 

Paulino Romero C. 

 

Recibimos con moderación el amanecer del año 2011. ¡Un nuevo año de esperanza! La esperanza, conciudadanos, es fuerte, porque tiene una promesa de vísperas, y es un dios rezagado, que se llama ilusión. La esperanza es el puerto de la vida o, como dice Cervantes, “la esperanza siempre nace con el amor”. Recordemos, además, que cuando Pandora abrió la caja de sus dones divinos transformándolos en maldiciones, ¡conservó, sin embargo, la esperanza!

La mayoría de los panameños (especialmente los menos favorecidos), sintió los efectos del calamitoso año 2010. Experiencias infortunadas de índole política, cultural, social, económica, y las causadas por desastres naturales. Así, la “improvisación predominante”, como método gubernamental; la crisis educativa se agravó por la imposición e incapacidad del Meduca de promover buenas relaciones con los educadores; el censo nacional realizado, un desastre; aumento descomunal del combustible y del costo de la vida; la tragedia de Bocas del Toro; cuestionamientos (internos y externos), por el manejo de la política exterior; inseguridad ciudadana, frecuentes robos a escuelas y residencias particulares; incremento del narcotráfico y del crimen organizado en todo el país; cierres de calles, manifestaciones públicas de protesta ciudadanas; basura por doquier; inundaciones y deslizamientos de tierra en Chepo, Portobelo, Darién, Azuero; red de corrupción en el Ministerio Público, ¡escándalo mayúsculo!

En nuestros días, la gente por lo general, pareciera acostumbrarse a los males sociales que padecemos y mira con gran pasividad e indiferencia la caída de los valores morales; la ola de violencia, crímenes y proliferación de vicios que llevan tragedia a los hogares; la falta de respeto y consideración a la persona humana, a la libertad y el pensamiento; y, sobre todo, el egoísmo y la corrupción que pretenden aplastar al sentimiento y a la razón. Estamos llegando a extremos tales, que hasta el desaliño en la persona y en el vestir, la grosería en el hablar, la rudeza en el trato y la agresión verbal constituyen carta de pase en grupos que sustentan la tesis de la destrucción de todo cuanto ha logrado el hombre en el orden moral, de hábitos y actitudes deseables, de honradez y de comportamiento humano en los siglos transcurridos de su existencia.

Cada día la actividad competitiva se torna un tanto despiadada y cruel; nos tientan solicitaciones contradictorias, las que pareciera querer destruir lo más íntimo del yo que queremos que sea insobornable. He aquí donde cobra mayor importancia el proceso de la educación, pero no de la simple instrucción elemental, ni de la formulación de reformas educativas de orientación populista, sino de la educación como formación integral; como humanización del hombre, como único medio de dignificación moral y de emancipación económica y, a su vez, de incorporación plena en la actividad del espíritu y en la solidaridad humana.

<>Artículo publicado el 3  de enero de 2011  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
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