Auxilio, quiero interceptar llamadas telefónicas

Bitácora del presidente  – La opinión del Abogado,  Empresario y actual presidente de los diarios La Estrella de Panamá y el Diario el Siglo…

EBRAHIM ASVAT
easvat@elsiglo.com

La solicitud no pudo ser más inapropiada. Denota que, al final de todo, un 60% de popularidad no significa nada sin la capacidad para destruir a los adversarios políticos.

Interceptar llamadas telefónicas es apenas un recurso de los servicios de inteligencia. Si los idiotas que se la pasan escuchando y grabando conversaciones no tienen la capacidad de análisis, toda esas horas de información son inútiles. Los políticos que le ponen demasiado énfasis a conocer la vida ajena denotan su inseguridad al poder. Al final, quien tiene miedo es él y no los ciudadanos.

En cierta forma hay una reversión de los miedos en Panamá. Los políticos, empresarios y los ciudadanos dicen tener miedo a las intercepciones telefónicas, a las amenazas, al chantaje, a la persecución.   Pero quien utiliza esas herramientas a pesar de sus altos niveles de popularidad denota una inseguridad extrema. El que tiene miedo es quien manda no los gobernados. Es por ello que, asustar a quien tiene miedo, con poder es una forma de mantenerlo bajo control. Hasta la fecha solo los americanos con un mejor análisis de la situación panameña han levantado una voz de alerta.

Este informe confidencial enviado por la embajadora saliente de Estados Unidos en Panamá al Departamento de Estado, y que revela Wikileaks, es hasta ahora el documento que mejor describe la conducta y proceder de nuestras autoridades.

Explica coherentemente el peligro que representa el personaje para la democracia panameña y el distanciamiento que existe entre las autoridades estadounidenses y las panameñas.

También nos da luces del por qué el mandatario panameño no ha podido visitar Washington D.C. en año y medio de gestión y por qué esas posibilidades se encuentran, por lo menos, estancadas.

Explica de igual forma el peligro que se ciñe sobre la aprobación de un Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos por sugestionar a una alta autoridad del Gobierno estadounidense sobre temas sensitivos como la cooperación internacional contra la delincuencia organizada.

El estilo de política de este Gobierno es crudo, sin refinamientos. La embajadora saliente, inclusive, acusa al nuevo Gobierno de querer lograr sus objetivos, hasta los políticos, con total desprecio del estado de derecho. Esto lo manifiesta la propia diplomática y lo ratifica el propio mandatario al calificarla a ella como ‘muy legalista’.

Conclusiones sobre este cable: el Gobierno nacional no puede negar que graba e intercepta llamadas de sus adversarios políticos y quizás de otros también. Que es una prioridad de su estrategia de seguridad interceptar llamadas telefónicas sin control judicial y por motivos políticos o de otra índole.

*

<> Artículo publicado el 27  de diciembre  de 2010  en el diario  El Siglo, a quienes damos,   lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

 

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