‘Locoleaks’, la punta del iceberg

La opinión de…

Betty Brannan Jaén

PANAMÁ, R.P. –He visto que algunos panameños, con gran sentido de humor, están usando el término “Locoleaks” para referirse al escándalo de los cables estadounidenses recién divulgados por Wikileaks.

Y como resulta que en los 250 mil cables de Wikileaks hay más de 900 que fueron enviados por la embajada estadounidense en Panamá durante los últimos 20 años, el nuevo año nos promete un verdadero banquete de “Martincitoleaks”, “Yeyaleaks”, y “Piñaleaks”.

No hay duda, sin embargo, de que las revelaciones en estos cables golpean mucho más severamente a un presidente en el cargo que a un ex mandatario. Lo que averigüemos ahora de Martín, Mireya o Noriega tendrá interés meramente histórico, mientras que lo divulgado sobre Martinelli tiene repercusiones inmediatas y reales tanto en el plano doméstico como en el internacional.

La noticia de los pinchazos, por ejemplo, dio la vuelta al mundo –desde Australia hasta Azerbaiján– y de manera para nada favorable.   Ese publicista que tienen bajo contrato en Washington tendrá que ponerse las pilas, porque lo que falta por salir podría ser feo.

Si es así, eso entorpecerá la posibilidad de aprobar el tratado de promoción comercial (TPC), en Washington, y le causará tremendos dolores de cabeza al nuevo embajador allá.   Por otro lado, es posible que ahora se apresuren a darle cita al presidente Ricardo Martinelli en la Casa Blanca, como manera de disculparse por la divulgación de los cables.

En Panamá, mientras tanto, ha sido interesante la reacción del Gobierno. No quisieron responder a los cables, acusándolos de haber dicho cosas increíbles sobre la ampliación canalera, pero sí han respondido a los cables, acusándolos de querer que los gringos ayudaran a instalar un sistema para pinchar los teléfonos de sus adversarios políticos. Lo malo es que la respuesta fue pobrísima.

Me parece inelegante y machista haber atacado personalmente a la ex embajadora Barbara Stephenson, pintándola como una persona que “le agarró rabia” a Martinelli y que era “una mujer impetuosa… que se topó con un presidente que manda”. Tampoco me parece que responder así fue buena estrategia diplomática.

En cuanto a los hechos en sí, encuentro imposible que Stephenson y sus asistentes hayan “malinterpretado” lo que el gobierno de Martinelli le estaba pidiendo. Más bien apostaría a que entendieron demasiado bien, así como comprendieron perfectamente que este sería un presidente que “podría estar dispuesto a dejar de un lado el imperio de la ley, con tal de lograr sus metas políticas y desarrollistas”.

Queda claro, además, que Martinelli y sus funcionarios cercanos manejaron muy mal la relación con Stephenson, adoptando una actitud que ella encontró arrogante y hasta amenazante. Luce urgente que los enviemos a charm school (lo que también los ayudaría en sus relaciones con los medios y la ciudadanía), pero también recomiendo que refinen enormemente su estrategia de respuesta a estos “locoleaks”. Esconderse no resulta y decir tonterías tampoco.

Pasando al momento actual, tengo información fidedigna de que la nueva embajadora, Phyllis Powers, llegó a Panamá expresando inquietudes sobre el estilo autoritario de Martinelli y la designación de Giuseppe Bonissi como procurador.

Por ello, tengo razones para pensar que la partida de Bonissi ha complacido a Washington y que las relaciones con Powers van bastante mejor que las de antes con Stephenson, aunque todavía hay inquietud en Washington por el manejo ricardista de temas como derechos humanos e institucionalidad. Nuevamente, subrayo que el nuevo embajador llegará a Washington en un momento difícil.

A todo esto, nuevamente defiendo la labor de Wikileaks. Siempre abogo por más información en vez de menos y creo que Wikileaks ha tratado de divulgar la información de manera responsable. Pero lo más importante es simplemente fijarnos en todo lo que ha quedado al descubierto en solo los nueve cables divulgados hasta el momento. Para 2011, nos queda todo el resto del iceberg y ello nos promete un banquete informativo nunca antes visto.

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Este artículo se publicó el  2  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.
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