Guillermo Márquez Amado, el modelo

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La opinión de…

Eliécer Rodríguez 

Autores como Roberto Sampieri sostienen que para resolver un problema, primero se debe hacer un correcto planteamiento. Un problema bien planteado, sostiene, tiene la mitad resuelta.

La crisis vivida en el Ministerio Público, además de otros estamentos judiciales, requiere precisamente eso, que se plantee bien el problema. Si lo que se busca es llenar espacios designando personas dispuestas siempre a decir sí, a aplaudir lo actuado, a hacerse los ciegos, sordos, mudos y testarudos, sobran los candidatos. Si por el contrario, se busca el adecentamiento, el saneamiento o la reparación de la institucionalidad perdida, entonces modelos probados también existen, aunque menos.

Uno de esos modelos lo constituye el Dr. Guillermo Márquez Amado, exquisita persona que rebasa con creces los requisitos exigidos a candidatos tanto para el Ministerio Público como el Órgano Judicial. El Dr. Márquez dio sobradas muestras de transparencia, honorabilidad, profesionalismo y calidad humana cuando ejerció el cargo de Magistrado Electoral.

A él se debe la construcción de la actual democracia. Cuando, al igual que el Ministerio Público y la institución cimera del Órgano Judicial, el Tribunal Electoral pasaba por el más acentuado desprestigio de su historia; aunque creo nunca antes fue distinto, su férrea personalidad, por encima de intereses mezquinos, sacó a flote la institucionalidad electoral, garantizándole al país la seguridad y prestigio democrático que hoy disfrutamos todos los panameños.

Recuerdo las constantes disputas del Dr. Márquez con sus colegas, cuando les restregaba en la cara el hecho de que era él el único a quien no podían doblarle el brazo porque no tenía familiar alguno emplanillado en la Administración Pública, por lo tanto sus fallos estarían apegados al estricto derecho. Jamás aceptó ni ofreció favores para beneficiar a alguien.

Tampoco aceptaba que el nepotismo se tomara el Tribunal Electoral. Nunca permitió que un familiar suyo, por mucho mérito que tuviera, ascendiera a algún cargo electoral, a diferencia de sus colegas quienes no escatimaron la oportunidad de acomodar a los suyos.

El sitial de prestigio del que aun goza el Tribunal Electoral, a pesar de los zarpazos dados a su salida, son obra exclusiva suya. A él se debe, entre muchas otras obras cumbres, que el TER haya rebasado la credibilidad sobre la misma acta oficial de los procesos electorales, que la mujer panameña pueda elegir entre su habitual apellido paterno o el de su esposo luego del matrimonio, que los panameños tengan la opción de llevar un nombre que no represente escarnio o vergüenza, que las juntas de escrutinio sean integradas con los mejores panameños. Mientras estuvo en la institución, la corruptela desapareció del escenario institucional, las reuniones de coordinación para cada evento electoral fueron sobrias y no ostentosas; éstas se celebraban gratuitamente en el Salón Compa Mida de Santiago, mientras que las de ahora se hacen en hoteles de muchas estrellas como Bambito, Decameron, Gamboa, Miramar, etc.

La férrea determinación del Dr. Márquez provocó su salida del Tribunal Electoral. No aceptó presiones para acomodar las cosas. No intercambió su merecida ratificación por cubrirse los ojos, cerrar su boca, taparse los oídos o atar su diestra para impedirle actuar como es correcto y procedente. Es un ejemplo digno de imitar.

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<>Artículo publicado el 30  de diciembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
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