Corrección y orientación para el cambio curricular

La opinión de…

 

Jaime Cheng P.

Los estudios que llevó a cabo el sociólogo e investigador francés Michael Foucault, en la década de 1960, sobre la función de la escuela en el contexto social, contiene aspectos que aún resultan vigentes para una reflexión y debate.

En su obra Vigilar y Castigar concibe Foucault el nacimiento de la escuela como una copia fiel del funcionamiento de las fábricas o el de un centro correccional, con un sistema único de control social.

Luego del boom que ocasionó la era industrial del siglo XIX se hace necesaria la adecuación de mano de obra un poco más calificada para el trabajo en las fábricas en la naciente Europa mecanizada. La escuela surge, entonces, como un centro de adiestramiento con un esquema parecido al de una maquiladora.

El uso racional del tiempo, la división del trabajo, la vigilancia, el castigo, la compensación etc. son algunos de los elementos que se desprenden del quehacer cotidiano de las antiguas fábricas. Incluso, el sistema de los timbres para indicar descanso e inicio de actividades, la fiscalización y la vigilancia para mantener el nivel óptimo de productividad constituyen, también, herencia de la actividad fabril.

Para Foucault, el castigo “es el medio descubierto por el poder para intentar corregir a las personas que rompen las reglas del propio poder”. En la “vieja escuela”, la intimidación, la sugestión y los castigos son importantes para mantener el orden y la disciplina.

El castigo se convierte en un fin en el que no existe una orientación o proceso de inclusión de los jóvenes sin objetivos claros de resocialización. De esta forma, tenemos que en la actualidad muchas escuelas no han variado este esquema, quizá por desconocimiento histórico de quienes manejan la política educativa; por la falta de información teórica en directivos y docentes de lo que realmente representa la función del centro escolar.

La disciplina debe responder a una lógica de formación con opción de futuro. Muchas veces en el centro escolar se confunde la hiperactividad con indisciplina, lo que desemboca en actitudes injustas a la hora de impartir los castigos. Un docente que no siente pasión por lo que hace y piensa que la escuela es una especie de reclusorio, sinceramente debe dedicarse a otra cosa que no sea impartir enseñanza.

En la modernización escolar, de la cual tanto se habla hoy día, es necesario replantear un nuevo concepto de escuela, adaptado a las necesidades sociales; no tanto en el orden económico, sino fundamentalmente en el orden moral. De nada sirve formar gente de éxito comercial si su accionar no ayuda a mejorar la condición de nuestro país y su figura se convierte en modelos perjudiciales para nuestra juventud

 

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<> Este artículo se publicó el  29  de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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