Una víctima más del dietilenglicol

La opinión del Educador….

BERTILO MEJÍA ORTEGA
bmejiao@yahoo.com

Manuel Abelardo Araúz Prado, ciudadano residente en el corregimiento de Chiriquí, distrito de David, es uno de los tantos afectados por el envenenamiento masivo que a nivel nacional ha causado el fatídico dietilenglicol, como resultado del descuido de los funcionarios que en la Caja de Seguro Social no actuaron con sentido de responsabilidad para evitar este inconmensurable e irreparable daño a niños, jóvenes y adultos en nuestro país.

Manuelito, de humilde cuna ancestral, jovial, entusiasta y de buen humor, ya perdió a su madre, también víctima del veneno proveniente del laboratorio de la institución que creara un estadista para brindar salud y seguridad a sus beneficiarios directos e indirectos. ‘¡Qué puedo hacer!’… me comentó hace unos días frente al antiguo teatro plaza en la ciudad de David. ‘Ya perdí a mi madre, y ahora me toca a mí esperar la parca, sin esperanza alguna, porque dicen que este mal no tiene cura’. Pero, a pesar de sus dolores corporales, de su incapacidad para realizar actividades laborales y de su impotencia para caminatas normales, tiene voluntad para reír, para comunicarse con los pocos amigos que en tales circunstancias ofertan afecto, y para esperar, como él mismo sostiene, los designios de los días venideros.

A este chiricano lo conocí en las postrimerías de los años setenta, cuando las manifestaciones públicas de los educadores captaban la atención y respaldo de quienes habían perdido la fe y la confianza en el régimen público imperante. Posteriormente lo vi militando en un partido civilista que aupaba la lucha por el retorno a la democracia, como ciudadano dispuesto a ofre cer sus fibras más nobles a la causa por la vuelta a un régimen de democracia y libertad. Aportó todo lo que estuvo a su alcance, y al final expresó, con legítimo orgullo personal, la satisfacción del deber cumplido.

En la última campaña electoral, muy a pesar de que ya sabía que estaba padeciendo el envenenamiento, lo encontramos en el occidente de Chiriquí, en una concentración pública encabezada por el Ingeniero Juan Carlos Varela, hoy vicepresidente de la República. Nunca ha escatimado esfuerzo para ofertar su concurso personal a la lucha civilista y honesta, motivado, no hay dudas, por anhelos concurrentes en quienes creemos que a través de un proceso electoral vamos a alcanzar los cambios que todos deseamos para nuestro Panamá.

Hoy, sin embargo, Manuelito Araúz, confiesa, con visible nostalgia, la profunda decepción que padece al unísono de una enfermedad indeseada, al no lograr una pensión por la que ha subido y bajado escaleras hasta el cansancio (ha cotizado 212 cuotas), sin haber logrado ni siquiera una atención que lo haya dejado satisfecho. También siente la distancia de quienes en momentos de efervescencia popular y política le tocaban el hombro por su inquebrantable voluntad de lucha y colaboración. A pesar de todo, se levanta diariamente y trata de llegar hasta algunos familiares y amigos que le dan soplos de ánimo y hasta la oportunidad de conversar con quien, reitero, aún brinda espacio para la alegría frente al dolor. Que en esta Navidad y Año Nuevo algunos corazones extiendan la mano al irreductible civilista y colaborador de siempre.

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<> Este artículo se publicó el 26 de diciembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.
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