La última tarea de Carlos Andrés… II parte

La opinión del Politólogo….

 
MARCEL SALAMÍN-CÁRDENAS
msalamin@yahoo.com

La segunda presidencia de Carlos Andrés Pérez lo enfrenta al formidable reto de derrotar esa cultura, recuperar la competitividad productiva y corregir las muchas inequidades que la bonanza petrolera había puesto en evidencia. Las fuerzas conservadoras que desató —desde la izquierda hasta la derecha— fueron inmensas y definitivamente Carlos Andrés sobreestimó el compromiso democrático de esas fuerzas. Para preservar sus prebendas y negociados, no solo se alzaron los cogollos políticos y los económicos, sino que se amancebaron en una alianza expúrea.

Quienes hoy lloran en el exilio la propiedad de los enormes oligopolios de los medios de comunicación y de la industria transformadora, son los mismos que junto a los políticos resentidos, quebraron la confianza de los venezolanos en la democracia cuando más la necesitaban. Fueron ellos los que alentaron un odio devastador contra la política y las instituciones democráticas.

Carlos Andrés fue enjuiciado sin pruebas, fue separado, destituido y encarcelado en abierta violación de la Constitución vigente. Pero no se arredró. No salió huyendo. No dio un paso atrás para renunciar al mandato constitucional que le entregaba una partida presupuestaria cuyo uso, por razones de seguridad nacional, era secreto y discrecional. La sentencia irrisoria y ridícula que cerró ese juicio, es el mayor monumento a su inocencia.

Panamá le debe mucho a Carlos Andrés. Su contribución a la democratización de nuestro país ha sido invaluable. Forjó con Omar Torrijos una relación y una amistad profunda y sincera, que le permitió sellar el compromiso de levantar todas las restricciones a la actividad partidaria y regresar la República a la plena vida democrática una vez lograda una solución negociada de la causa patriótica panameña.

Todos aquellos que insisten en atribuir a la presión gringa ese paso estratégico, desconocen que fue con Carlos Andrés —ante quien Omar Torrijos no sentía que arriaba ninguna bandera soberana— con quien selló ese compromiso. En los archivos personales de Carlos Andrés reposa la carta que el general Torrijos le envió como respuesta. También reposa allí, la carta extraordinaria que la madrugada del 20 de Diciembre de 1989, le enviara a George Bush protestando indignado por esa herida innecesaria y artera que se le infligía a la más indefensa de las repúblicas americanas.

Intentó por todos los medios a su alcance que Noriega renunciara para ahorrarle a Panamá y a América Latina la vergüenza y la tragedia de la invasión. No le unía a Noriega amistad ni complicidad política y tuvo que soportar desplantes, insultos y vejaciones a mano de los perros cancerberos de Noriega.

Ningún opositor de esos tiempos encontró oídos sordos ni puertas cerradas en Miraflores. El Canal es hoy nuestro, porque estadistas como Carlos Andrés endosaron todo su capital político en la solución negociada y respaldaron al general Torrijos en la hazaña diplomática más refinada de nuestros tiempos. Sin él, sin sus opiniones fuertes y francas, sin su fino olfato político y su sentido del honor y la dignidad, no hubiéramos llegado a donde nos encontramos hoy.

Queda una última tarea: restituirle la democracia a Venezuela. Somos muchos para quienes no importa dónde se entierren o dispersen nuestras cenizas. Pero las de Carlos Andrés Pérez, el bachiller tachirense que se ganó el corazón de todos los demócratas del mundo, esas cenizas solo pueden reposar en su Venezuela querida.

Si su ausencia hoy le hace brillar más que nunca, su viaje de retorno debe ser la fuerza que reúna bajo el viejo pendón, la vieja constitución y el viejo escudo de armas, al bravo pueblo de Venezuela.

Hacia allí hay que llevarlas y cuando así suceda, veremos tambalearse a quien hoy manda pésames cargados de hipocresía y no pudiendo contener su naturaleza torva, aprovecha para vejar a quien ya no puede ripostarle. Tenemos que terminar la faena, Carlos Andrés. ¡Manos a la obra!

 

*

<> Este artículo se publicó el 1 de enero de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.
Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: