La mota en el ojo ajeno

La opinión del Empresario….

 

RAFAEL  CARLES
lifeblends@cableonda.net

Con frecuencia se nos advierte que no nos fijemos en la paja del ojo ajeno sin antes vernos la viga que está en el ojo nuestro. Esto ayuda a evitar el juicio negativo y frecuente que injustamente hacemos sobre los demás. Y es que por nuestra soberbia, las faltas pequeñas que afectan a otros se ven aumentadas, mientras que, por contraste, los mayores defectos propios tienden a disminuirse y justificarse. Es más, tendemos a proyectar en los demás lo que en realidad son imperfecciones y errores nuestros.

La humildad, por el contrario, ejerce positivamente su influjo en una serie de virtudes que permiten una convivencia humana y sana. Sólo las personas humildes están en condiciones de perdonar, de comprender y de ayudar; de ahí que traten al prójimo a la hora de juzgar con comprensión, disculpando y perdonando cuando sea necesario. Debemos aprender a excusar los defectos, quizás patentes e innegables, de quienes tratamos a diario, de tal manera que no nos separemos de ellos ni dejemos de apreciarlos a causa de sus fallos o incorrecciones. Si nos ejercitamos en ver las cualidades del prójimo, descubriremos que esas deficiencias en su carácter, esas faltas en su comportamiento son, de ordinario, de escaso relieve en comparación con las virtudes que posee. Esta actitud positiva, justa, ante quienes tratamos habitualmente, nos ayudará mucho a cercarnos más unos con otros, pues creceremos en caridad y humildad.

Ante las deficiencias de los demás, incluso ante las murmuraciones y los juicios errados de la gente, hemos de adoptar una actitud positiva. Y para tal efecto, siempre se recomienda orar en primer lugar por ellos, ejercitar la paciencia y la fortaleza, y ayudarles lealmente con la corrección fraterna. Esta ayuda fraterna, por ser fruto de la buena voluntad, ha de hacerse humildemente, sin herir, a solas, de forma amable y positiva, haciendo comprender a ese amigo, colega o vecino, que aquello daña a su conciencia, al trabajo, a la convivencia y a su propio prestigio humano.

Si tomamos como norma habitual no estar pendiente de la mota en el ojo ajeno, nos será más fácil no hablar mal de nadie. Si en algún caso tenemos la obligación de emitir un juicio sobre una determinada actuación, sobre el proceder de alguien, haremos esa valoración purificando la intención y cuidando las normas elementales de prudencia y de justicia. ‘No me cansaré de insistir en que, quien tiene la obligación de juzgar, ha de oír las dos partes, las dos campanas’, decía Monseñor Escrivá de Balaguer.

Y si tenemos que ejercer la crítica, ésta ha de ser siempre constructiva, oportuna, salvando siempre a la persona y sus intenciones, que no conocemos sino parcialmente. La crítica buena no hiere, y se manifiesta llena de respeto y de comprensión. Quien juzga lo que no conoce, emite un juicio que podría convertirse con facilidad en detracción o difamación. Debemos cuidar de no convertir en juicio inamovible lo que ha sido una simple impresión, o en transmitir como verdad el ‘se dice’ o la simple noticia sin confirmar, y que quizá nunca se confirme, que daña la reputación de una persona o de una institución.

Si la caridad nos lleva a ver los defectos de los demás sólo en un contexto de virtudes y de cualidades positivas, la humildad nos conduce a descubrir tantos errores y defectos en nosotros mismos que nos moverán, sin pesimismos, a comprender que los demás tengan alguno y a poner empeño en mejorar. Para esto, debemos aprender a recibir y a aceptar la crítica positiva de esas personas que nos conocen y aprecian, y a evitar dejarnos llevar por la soberbia que impide que toleremos ninguna advertencia de quienes, llevado de la caridad y de la mejor amistad, nos quieren ayudar a superar un defecto o a evitar que repitamos un mal proceder. Entre los muchos motivos para estar agradecidos por este año que empieza, ojalá podamos contar también con el de tener personas a nuestro lado que sepan decirnos oportunamente lo que hacemos mal y lo que podemos y debemos hacer mejor, en una crítica amiga y honesta.

 

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<> Este artículo se publicó el 4  de enero de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.
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