Se acerca la Navidad

La opinión de la Psicóloga Especialista de la conducta humana…

GERALDINE EMILIANI
geraldinemiliani@gmail.com

La venida de Jesús a la tierra es un acontecimiento tan inmenso que Dios quiso prepararlo durante siglos, con un Adviento que duró cuatro mil años. Eran tiempos distintos. No obstante, al pasar los años, la situación ha cambiado. Se dice que la época de Navidad alcanzó su popularidad, debido a la particularidad de dar y recibir regalos. En nuestro país es una costumbre que no ha desaparecido. A los niños les encanta y, a quién no. Pero, los regalos no garantizan una amistad verdadera ni una paz duradera. El intercambio de regalos en esta fecha es una manera sencilla de fomentar el consumo. Ahora bien, ¿es el comercio el culpable de que la Navidad del panameño se encuentre en total discordancia con el espíritu del nacimiento de Jesús? A mi modo de apreciar las cosas, esta situación tiene que ver con varios aspectos, entre ellos menciono: la importancia que se les da a lo material, el uso que se hace de ellas y la intención que se tiene para ponerlas al servicio de los demás.

No hay duda de que el comercio se aprovecha de esta ocasión tan especial para aumentar sus ganancias, si se toma en consideración que Panamá es un país de servicio. Aparecen nuevos productos en el mercado dirigidos a las grandes compras navideñas, al alcance de unos y, para otros la ilusión de tenerlos. En otros países la entrega de regalos se hace en una fecha posterior y la razón es obvia.

Durante el año hay quienes trabajan sin descanso para poseer aquello que tanto ilusiona y la vida se mueve a ese compás. No obstante, si no se tiene cuidado puede llegar el momento en que, a pesar de la satisfacción que produce, lo que se pretende es que éstas llenen un vacío interior. Es por ello, que se aprecia lo material por encima de las personas. A esta singular forma de afecto se le llama apego y de ninguna manera se relaciona con el hecho de hacer buen uso de lo material. El desprendimiento de las cosas materiales supone un esfuerzo para superar ese sentimiento de posesión y exclusividad de lo que se tiene para ofrecerlo gustosamente a los demás.

Se acerca la Navidad. El Niño Dios llega a nuestros hogares. Su vida es una entrega para todos y esa entrega es incondicional. Aprendamos tan solo un poquito de sus enseñanzas. Esto nos ayudará a descubrir lo útil que puede ser cuando intercambiamos el regalo del cariño, del amor y de la tolerancia con nuestros semejantes. Recordemos que en el orden de los afectos, las personas y su bienestar ocupan el primer lugar.

En esta época de Navidad en que el mejor regalo es el de atreverse a educar a los hijos. Desde luego la educación de los hijos requiere tiempo. Pero no mucho, sino todo. Porque en todo momento, queramos o no, estamos enseñando cosas muy importantes a nuestros hijos, con nuestras actitudes y nuestro comportamiento ante las cosas más pequeñas de la vida cotidiana: tanto si los castigamos como si los mimamos o los divertimos; tanto si los miramos con indiferencia como si lo hacemos con preocupación, siempre estamos enseñando, formando o… deformando. Cabe decir: en todo momento se nos ve la escala de valores que llevamos dentro, en la cabeza y en el corazón. La experiencia enseña que un niño sin religión y sin educación equivale a un niño problema, ocupado de sí mismo, de sus cosas, de su egoísmo.

Se acerca la Navidad y cabe preguntarse sobre la existencia de Dios Padre. Dostoiewski, el gran escritor ruso, dice por medio de uno de sus personajes: ‘Si para el hombre Dios no existe, todo está permitido: el terrorismo, el infanticidio, el femicidio’. El escritor existencialista Jean Paul Sartre confesó que él no llegó al ateísmo por un conflicto de dogmas, sino por la indiferencia religiosa de su familia. En efecto tuvo que reconocer que ‘todo está permitido si Dios no existe y, por consiguiente, el hombre se encuentra abandonado, porque no encuentra en él ni fuera de él, dónde aferrarse’. En cambio, hay otros tantos casos como el bien conocido de la madre de San Agustín. Con su ejemplo, larga oración y penitencia hizo de un hijo ‘a la deriva’ uno de los más grandes santos doctores de la Iglesia.

Por eso, los padres que quieren la felicidad de sus hijos han de enseñarles cuanto antes la raíz de la felicidad eterna: ‘el Amor infinito de Dios que nos envió a su único Hijo para darnos vida eterna’.

 

<> Este artículo se publicó el 22 de diciembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que a la  autora,  todo el crédito que les corresponde.
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