Ojalá nos mirara con compasión

La opinión de la Jurista y Ex Diputada de la República….

MIREYA LASSO
mireyalasso@yahoo.com

Como si no hubiesen sido suficientes las tensiones del año, los últimos días del 2010 traen noticias poco edificantes, algunas tristes y muchas preocupantes.   Muerte, tragedias y hasta vergüenza ajena han colmado el escenario nacional. Siempre se ha dicho que Dios es panameño, pero, si Él es nuestro compatriota, ciertamente nos pone a prueba en fechas que son tan importantes para los cristianos. ¿Qué idea resultaría relevante, especialmente en esta época, para sobrellevar las malas noticias o encontrar una solución que nos permita salir de este laberinto que nos tiene desde hace tiempo dando vueltas en un círculo vicioso?

Los comerciantes intentan darnos felicidad con la figura de un Santa Claus, de radiante sonrisa, llegado del Polo Norte con regalos para la venta, mientras que la fe y la tradición cristiana nos recuerdan que es la llegada del Niñito Jesús la que debe enriquecer el espíritu de la celebración navideña. Sin que nos demos cuenta de ello, otra vez se plantea una competencia inconsciente que nace y depende de la formación, creencias y gustos de cada uno.

Invito a una honesta reflexión sobre las alternativas.

Sabemos que el nacimiento del Niño Dios no necesariamente debió ocurrir precisamente el 24 de diciembre en una helada noche de invierno. Las Sagradas Escrituras no mencionan fechas específicas de la Natividad, pero se ha tomado nota de que la descripción de un pastoreo de ovejas al aire libre en momentos del alumbramiento, es evidencia de que el nacimiento ocurrió en primavera en lugar de un frío diciembre. Además, hay historiadores que dudan que el censo que obligó a José y a María a trasladarse a Belén hubiese sido organizado por las autoridades romanas en una época tan poco auspiciosa, como debió ser el inclemente frío decembrino.

Nos explican que esta aparente incongruencia parece residir en el hecho de que los antiguos cristianos, desde el siglo IV, quisieron aprovechar una costumbre ya afincada en la tradición pagana de celebrar el solsticio de invierno, que ocurre cuando el sol en el Hemisferio Norte no sale durante 24 horas una vez al año, en diciembre. La celebración pagana se basaba en que, después de la oscuridad de ese solsticio, el regreso del sol significaba una victoria simbólica sobre las tinieblas; por eso los cristianos quisieron tomar esa alegoría para adaptarla al renacimiento de una nueva luz y esperanza que nos trae la llegada del Niño Dios.

En cambio, el Santa Claus actual tiene su antecedente en el obispo San Nicolás de Bari, nacido en el siglo IV, de quien heredó la costumbre de repartir juguetes. Mientras la intención original de los juguetes del santo era recordarle a los niños que el nacimiento de Jesús era un regalo de salvación eterna, podríamos preguntarnos si ese significado se ha desvirtuado con la publicidad comercial y los juguetes y regalos de los Santa Claus panameños.

Como patrono de inmigrantes holandeses, San Nicolás de Bari llegó a Norteamérica donde su nombre en holandés cambió a Santa Claus cuando fue traducido al inglés. Resulta curioso que anteriores versiones de Santa Claus lo presentaban como un enano delgado, a veces vestido de color verde; pero fue convertido por artistas norteamericanos en el personaje gordiflón, bonachón y barbudo que hoy conocemos. Curiosamente el color rojo y blanco de su vestimenta tuvo su origen en una campaña publicitaria de la compañía Coca Cola, que fijó desde entonces la popularidad de esos colores. Por su lado, el Papá Noel es una versión francesa del Santa Claus norteamericano, cuando el personaje regresó a Europa y, en especial a Francia en el siglo XIX.

Entonces ni Santa Claus del Polo Norte, ni Papa Noel de Francia representan el profundo significado que debe tener la Natividad en nuestro país tropical. Por eso, ojalá la Navidad panameña nos mueva a entenderlo así y a renovar un compromiso de paz y humildad como se respiró en el pesebre de Belén. Necesitamos que el Niñito Jesús mire a Panamá con ojos compasivos.

*

<> Este artículo se publicó el 22  de dicembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que a la  autora,   todo el crédito que les corresponde.
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