La Familia

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La opinión del Sacerdote Jesuíta…

Rosendo Torres 

El primer domingo después de Navidad se nos presenta la Sagrada Familia. ¿qué más decir? No hay nada nuevo bajo el sol. No se puede negar que en distintos estamentos de nuestro engranaje social se está insistiendo y trabajando por la familia. Tampoco podemos negar que muchas amistades lo traten a uno y lo mencionen como familia. Es la suprema distinción que uno agradece, porque somos y no somos y nos hacen sentir como si fuéramos. Gracias por lo que a mí toca.

Aun cuando en nuestro ambiente es un lugar común el buscar la causa de muchos males morales de nuestra juventud en la familia o en la falta de familias, hay que reconocer también que existen muchas y buenas familias, hecho que se constata en muchos de los convivios familiares que se celebran durante las navidades. Al menos esa impresión deduje en estos últimos días en que fui invitado a bendecir una nueva casa o apartamento, al llegar los primeros que salieron a saludarme fueron los jóvenes con toda naturalidad y luego se fueron presentando los demás miembros de las familias allí presentes dándome la ocasión para confirmar el aserto de que sí hay todavía grupos familiares y gente que cree en la familia tradicional. Lo deseable es que esto continúe aun cuando la familia está amenazada por los queridajes y concubinatos que también se dan más de lo que quisiéramos esperar y a veces en personas supuestamente allegadas a la iglesia católica.

Y aquí vienen las consideraciones sobre este día de la Sagrada Familia.   Dios es amor y es en la familia , justamente en donde nosotros recibimos la primera y definitiva manifestación de lo que es el amor , así que es la familia en donde se nos revela, primera y definitivamente , lo que es de verdad Dios.

Es en la familia donde se experimenta el valor infinito de persona , de cada persona, puesto que es en ella en donde experimentamos que somos amados incondicionalmente, y no por nuestra belleza, inteligencia, bondad o simpatía. Es en la familia en donde aprendemos vivir en comunidad, porque en ella experimentamos desde que nacemos la participación comunitaria en el amor de nuestros padres, compartimos con otros una misma casa, una misma mesa familiar y las cosas indispensables del hogar. La familia nos enseña el valor de la solidaridad porque en ella compartimos el sentido maravilloso de formar parte de un mismo núcleo familiar con los hermanos y hermanas, y con el papá y la mamá.

En sus más de treinta años de vida ordinaria en el trabajo manual y como parte de una familia en Nazaret, Jesús demuestra que las tareas más extraordinarias del mundo, como son honrar a Dios, liberar a los oprimidos, revelar el amor incondicional se lleven a cabo viviendo a fondo y en serio la más normal vida familiar.

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<>Artículo publicado el  26  de diciembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
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