Crisis mundial y nuevas oportunidades

La opinión de…

 

Carlos Antonio Solís-Tejada

Es invierno en París y las nevadas, la lluvia helada y los vientos gélidos han sido implacables con dicha ciudad, al igual que con otras ciudades europeas.

A raíz de este problema, para evitar muertes por hipotermia y un escándalo, el Gobierno ha abierto las estaciones del metro a los indigentes. Nada nuevo, mucho menos para alguien que ha visto o sabido de cosas peores en países en vías de desarrollo, como Panamá. Sin embargo, algunos casos llaman poderosamente la atención, como el de aquellos a quienes la crisis económica les robó sus empleos, su hogar y su dignidad, sin consideración alguna con su trayectoria profesional, su alto nivel académico o su lealtad a sus empleadores (públicos o privados), dejándolos en la calle.

Una amiga saludó efusivamente a una de estas personas en una estación del metro, algo inusual en ella, pero resulta que dicha persona fue su profesor de historia y ciencias sociales en el Lycée Henri IV, la secundaria pública más prestigiosa y selectiva de Francia; estudiar y enseñar allí es un privilegio.

La razón por la que personas tan competentes y brillantes estén ahora en la calle se debe a los recortes presupuestarios, causados por la crisis mundial en el sector público y la inhabilidad de personas encumbradas en su área de adaptarse a la nueva realidad de haber sido, prácticamente, desterrados de su paraíso.

Así como le pasó a ellos, diariamente en el primer mundo se desecha recurso humano competente, mandándolo a vivir con suerte del subsidio por desempleo y, paulatinamente, a la calle.

Hay un dicho que dice: “el desecho de unos, es el tesoro de otros”; en este sentido me pregunto por qué nuestros países latinoamericanos no aprovechan para acoger a estas personas, cuyos talentos nos serían tan provechosos, no porque nos falte talento, pero tampoco es que nos sobre.

Esta idea podría reconfigurar nuestra relación con el primer mundo y ayudar al desarrollo.

La idea no es nueva, sería repetir aquel episodio de nuestra historia que tanto bien nos hizo, las migraciones europeas hacia Latinoamérica de los siglos XIX y XX. Así como en aquel entonces estos europeos, norteamericanos y repatriados latinoamericanos ayudaron a impulsar nuestro desarrollo, construyendo nuestras capacidades técnicas, científicas y humanísticas.

Estas personas, en lugar de invertir su asistencia en proyectos de poco impacto, se les podría permitir utilizar sus subsidios y seguros por desempleo para reubicarse en nuestros países, bajo el acuerdo de integrarse a nuestros sistemas educativos desde el sistema básico al superior y vocacional; además; de los servicios de salud y civil para transferir sus conocimientos a nuestros futuros profesionales, con incentivos y políticas locales, para establecerse en las ciudades de provincias y no en las metrópolis.

Se les debería permitir, con dichos subsidios, poder invertir en nuevas empresas que impulsen sectores no desarrollados de nuestras economías, como la industria pesada, ligera, la biotecnológica e informática.

Una iniciativa así podría ayudar a los países desarrollados a aligerar su carga social, a la vez que refuerza nuestro capital social y estrecha nuestras relaciones comerciales y culturales.

En la era del outsourcing y la globalización, esto no sería del todo descabellado, podríamos, quizás, hasta competir con el este asiático como proveedores de manufacturas y tecnología a Europa o Estados Unidos.

Una vez bien establecidos en nuestros países, estas personas podrían dejar los subsidios, pero permitiéndoles jubilarse decorosamente en sus países de origen, si así lo desean. Concluimos, entonces, que esta crisis nos brinda la inigualable oportunidad de dar un pequeño salto hacia el desarrollo, solo falta tener un poco de ingenio y sentido de oportunidad, por parte de nuestros países con políticas, incentivos y acuerdos entre países, para reclutar el talento desaprovechado, dándoles una nueva oportunidad en el nuevo mundo o en África. Esta y otras oportunidades ayudarían a situarnos entre los países más importantes del mundo, si las sabemos aprovechar.

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<> Este artículo se publicó el 3 de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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