Mensaje de Año Nuevo

De parte de Monseñor  

José Domingo Ulloa

Mensaje de Año Nuevo

Al iniciar este nuevo año, te quiero saludar con la misma bendición que el Señor ordenaba para su pueblo, ya que hoy nosotros somos el nuevo Pueblo de Dios:

“El Señor te bendiga y te proteja, haga resplandecer su rostro sobre ti y te conceda su favor. Que el Señor te mire con benevolencia y te conceda la paz” (Núm 6, 24-26).

Tenemos que hacer que en este año 2011 cada persona, desde su lugar, y todos unidos, mejoremos en nuestras relaciones sociales, políticas, eclesiales y familiares.  Esforcémonos por eliminar de nuestra vida las divisiones tanto de grupos como de personas.

No caigamos en los insultos y amenazas, en las descalificaciones de unos contra otros; no difundamos verdades a medias o medias mentiras.

Que sepamos escuchar mejor las razones de los demás, que defendamos nuestras ideas con argumentos y no con prejuicios; busquemos la convivencia y no la intransigencia; la reconciliación y no la agresividad; seamos críticos con los demás, pero también con nosotros mismos cuando sea necesario.

Hagamos del año 2011 un año reconciliador, en el cual “las voluntades se dispongan a la reconciliación, los enemigos vuelvan a la amistad, los adversarios se den la mano los pueblos busquen la unión, que las luchas se apacigüen y crezca el deseo de la paz; que el perdón venza al odio y la indulgencia a la venganza”.

Este es un día también para dar gracias a Dios. Gracias por todo lo que hemos vivido en este año que terminamos, gracias por lo que viviremos en el año que comienza, gracias por todo lo nuevo que aparece en nuestra vida.

Le pido a Dios que todos los buenos deseos que tienes y que nos deseamos en el Nuevo Año sepamos hacerlos realidad. Hagamos el propósito de favorecer todo lo que ayude a que haya más felicidad para todos, amigos y desconocidos.

Hermanos: Este año apenas estrenado no será más feliz porque los acontecimientos nos resulten favorables,  sino porque miramos y sentimos las cosas desde el corazón de una manera nueva y favorable.

La felicidad no está fuera, en lo que pasa o nos pasa… sino dentro, en mí mismo. La felicidad no está en la salud, la suerte, el éxito o la riqueza, sino en el modo de situamos ante ellas, en lo que hacemos con cada cosa que nos viene.

La felicidad, la paz del corazón, la ilusión, el equilibrio, el estar bien no dependen fundamentalmente de los otros, de lo otro sino de mí mismo,  de lo que yo hago con todo eso, de cómo me tomo las cosas.

Por eso hagamos nuestro los deseos de la bendición que Dios ofrecía a su pueblo:

“Que el Señor te bendiga y te proteja, ilumine tu rostro y te conceda su favor; el Señor se fije en ti y te conceda la paz”.

Por eso más que un «feliz año» les quiero desear  un corazón como el de María, la Mujer fuerte, la Madre de Dios, para vivir cada momento, un corazón en el que quepa y esté a gusto Dios, porque «si Dios está con nosotros, ¿quién podrá con nosotros?». Cuando el corazón humano se limpia de basuras, hierbajos y pedruscos siempre acaba apareciendo el Rostro de Dios sonriendo, iluminando, protegiendo, creando comunión, haciendo posible que fructifiquen la paz, la justicia, la rectitud, la alegría…

Cuando el corazón humano está atento y «guarda las cosas en él»,  se hace dócil a los gestos de Dios: he aquí la esclava del Señor.

Feliz año nuevo 2011

Mons. José Domingo Ulloa

 

*

<> Publicación compartida con este medio el 31 de diciembre de 2010 por la Dra.  Geraldine Emiliani, a quien le damos las gracias y el crédito que le corresponde

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