En el hospital

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La opinión del Periodista…

Juan B. Gómez 

Pasé diez días en el Hospital Regional de Chiriquí. Desde varias semanas antes venía sufriendo de un cansancio que no me permitía respirar a pleno pulmón. Y fui a visitar al cardiólogo, doctor Jorge Velarde. Me tomó un electrocardiograma, y con la flema inglesa que lo caracteriza, me dijo lacónicamente: “ Hospitalización inmediata… Bloqueo completo”.

 

Fui a mi casa, llamé al sobrino Gustavo Gómez; y unas horas después estaba en el Hospital Regional. Allá me esperaba el Dr. Batista; me alojaron cómodamente en uno de los salones del piso de urgencia; dormí bien- Y al día siguiente me vio el competente cirujano cardiovascular, Doctor Adames, quien me colocaría un marcapaso el jueves.

Y efectivamente, el excelente cirujano, Dr. Adames, asistido por la doctora Larisa Beitia y el Dr. Thompson, que se ocupó de la anestesia, terminaron su trabajo con gran capacidad profesional.

Estuve diez días en el Hospital, como ya dije, y sería injusto no expresar mi gratitud a tantos otros profesionales que estuvieron junto a mí en esos momentos; por ahí pasaron frecuentemente, la doctora Hilda Josefa Gómez, el Dr. Franklin Anguizola, doctor Lezcano, doctor Dutary, doctor Estrada, doctor Cuestas Gómez, doctor Williams…

Y no quiero dejar de mencionar tampoco a las muchas personas que se hicieron presente, casi inmediatamente:   Mi hija Naty Gómez, a la querida amiga Donna Fisher, que estuvo allá desde el principio, y se encargó de dirigir el programa radial, Lucho Henríquez, (mi asistente) mi hermano Julio Gómez y su esposa,  Alcira, sus hijos; mi cuñada Catalina viuda de Gómez; y los que no podían faltar: mis amigos del Café; Milciades, Coco, Héctor, Alberto Sittón, Beby y Omar Chávez, Camilo Reigosa, Librado… (No saben cuánto sentiría no mencionar a algunos de mis amigos) Hubo momentos en que aquello parecía un mitin…

Yo les decía a las enfermeras, que estaban siempre atentas a servir, que había descubierto algo muy importante en esta temporada con ellas, que si podía poner un letrero luminoso en el salón, sería; “ Hasta aquí llegó el orgullo”- Francamente, en el hospital estamos sin independencia, obligados a obedecer, las reglas del Hospital. Quiero hacerles llegar a: Ana, Lizbeth, Noylinc, Omaira, Jéssica,Erica, Silvia,Mireya, Francisca, Aracelly, Alina, Lucila, Eida, Yarleny, Kaira,Dayana, a todas mis amigas, mi saludo más sincero y respetuoso…

Y a los lectores de esta columna, igualmente pido perdón por la digresión tan larga, sobre un tema que se sale de lo habitual. Espero seguir publicando artículos de los que les gusta… Hasta pronto.

*
<>Artículo publicado el  25  de diciembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
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