Trabajo Infantil

*

La opinión de la Doctora en Medicina y miembro del Club Rotario…

Marisín Villalaz de Arias 

(marisin@cableonda.net)
No es que quiero ver a todos los niños trabajando y que pierdan la oportunidad de jugar como es propio de la edad; no es saludable hacerlo pero, lamentablemente, existe una gran cantidad de familias que se beneficiarían con alguna entradita extra que traigan esos niños. No considero tampoco que a los niños cuyos padres son limitados de fondos, se los forme como niños ricos que no lo necesitan y que también debieran aprender la importancia del trabajo desde niños. Las madres y padres de limitados recursos generalmente son trabajadores y es negativo que quieran levantar esos hijos en forma equivocada.

El trabajo no le hace daño a nadie; lo aprendí en mi familia y en la escuela donde nos enseñaban su bondad. Si bien es cierto que por trabajar se paga, también es cierto que dignifica hacerlo con cariño y mostrar a la infancia su importancia no daña a nadie. Cuántos multimillonarios actuales empezaron vendiendo periódicos o trabajando de limpiabotas y allí tomaron amor al trabajo. Lo que ha sucedido con ellos es que ese trabajo fue acompañado de una buena Educación que les permitió más tarde surgir. Pero aquí en Panamá queremos ser más realistas que el Rey y evitamos la oportunidad de que los hijos ayuden económicamente a sus padres y, además, con una mala educación que no los prepara siquiera para afrontar sus vidas.

No es trabajar en la infancia lo que daña a nadie, es la pobre educación que reciben acompañando a ese trabajo y la alcahuetería de algunos padres que permiten que sus hijos vivan como lo que no son y ellos se matan trabajando. Pobre concepto que solo daña a los niños que los hace víctimas de la holgazanería para el resto de su vida. Tuve una cuñada que tenía una empleada por día y a veces llevaba a su hija adolescente para que la acompañara y en vez de ayudarla en su trabajo se acostaba en el sofá a descansar. Mi cuñada que fue una mujer trabajadora no soportaba la situación, pero nada podía hacer.

Entonces, no son las leyes sobreprotectoras de los niños para que no trabajen las que los salven más adelante; al contrario, es que tempranamente lo aprendan y se eduquen para luego ser grandes ciudadanos. Hablo del trabajo honesto, parcial, no de esclavitud; me refiero al que los dignificará. La pobreza no afrenta a nadie, a quien Dios se la dio, pues aprovechémosla al máximo. Eduquemos y enseñemos amor al trabajo que a nadie le hace daño.

*

 

<>Artículo publicado el  22  de diciembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que a la autora,  todo el crédito que les corresponde.
Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: