Bulto bello

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La opinión del Médico…

Juan Carlos Ansin

Según el Marco Polo de Ítalo Calvino (Las ciudades invisibles), tan embustero como el real, la falsedad no está en las palabras sino en las cosas.   De allí que las palabras deben ser tomadas no sólo por lo que dicen, sino por cómo y quién las dice. Pues en boca del mentiroso, lo cierto se hace dudoso.
A lo largo de la vida, este aprendizaje suele ser amargo, pero también excitante.  Con los años uno aprende a leer entre líneas y en más de una ocasión, detrás de ellas. La trampa de las palabras no está en lo que nombran, sino en lo que se quiere que se entienda y en lo que el intérprete desea entender.
De esta dualidad conceptual en la relación simbiótica del significado con su significante y la incertidumbre generada en la semiosis de su representación, nace la escuela del relativismo lingüístico, que en general se refiere al camino inverso: la influencia de la lengua sobre el pensamiento.

La palabra tierra, dicha así, sin inflexión alguna, tal como está escrita, sin entorno ni contexto, puede referirnos a nuestro planeta, también puede ser algo cubierto de polvo, o un continente a la vista del navegante o el lugar donde uno nace. La palabra sola no es nada o poco más que eso: un conjunto de símbolos sonoros. Antes que el símbolo o los sonidos, está el proceso del pensamiento, la idea que se quiere expresar. Lo mismo sucede con la palabra casa, cada uno de los lectores evocará una distinta. Si como vemos hay dificultad para nombrar una cosa simple: ¿qué no ocurrirá con los términos que se refieren a abstracciones?

Si digo: el Canal es el bien más importante de Panamá y quien escucha es un sociólogo, este pensará inmediatamente en la importancia que tiene ese canal para la sociedad. En cambio, yo médico, interpreto que el canal es un bien psicológico, muy importante para la nación. Así, cuando un economista afirme lo mismo, seguramente querrá que se lo interprete como la posesión económica más valiosa.

 

El verdadero Marco Polo sabía muy bien que la falsedad radica en la interpretación de quién la percibe y en la exactitud o intención de quien la dice y no en las cosas. Marco Polo inventó el término asesino. Lo sacó de una secta musulmana ismaelita donde a los fumadores de hachís le llamaban hachisins, pues mataban por encargo.

 

Cómo bien dice un viajante árabe contemporáneo del veneciano, Ibn-Battutta, los musulmanes matan, pero no fuman hachís. Jacinto Benavente lo aclara en su famosa comedia, Los Intereses Creados: “El protagonista no miente, pues no dice que no es rico, pero vive como tal, el criado que no lo es, tampoco miente, pero le sirve bien, el señor no dice que es conde o marqués, pero exige ese trato y al final del engaño, el embuste es aceptado por todos como un mal necesario”. Y así vivimos, en un teatro de representaciones donde a la palabra suelen vestirla de bulto bello.

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<>Artículo publicado el  19  de diciembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
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