Therapeia del 19 de diciembre de 2010

La opinión de la estudiante graduanda….

SHARON TORRIJOS 
sts2309@gmail.com

Diciembre no es solo el mes en el que se celebra Navidad, Hanukkah y la llegada del Año Nuevo; también es el mes en que las escuelas panameñas se preparan para graduar a una promoción que, tras 13 años de educación formal, se enfrenta a una serie de decisiones que definirán su vida.

Dónde y qué estudiar son las clásicas dudas. Pero hay quienes también consideran ingresar a la milicia o entrar a un seminario religiosos y otros simplemente no estudian y se unen a la fuerza laboral.

El miedo al futuro, nostalgia por lo que dejamos atrás y emoción por lo que vendrá, nos deja en un estado incongruente y a veces de insatisfacción al no saber bien qué sentir.

La semana pasada fui a dos graduaciones: la de dos grupos de amigos con los que estudié. Durante ambas ceremonias me puse sentimental al borde de llorar y probablemente lo único que evitó que lo hiciera fue el mi incapacidad para llorar en público. Mientras los veía caminando a recibir el diploma algo hizo clic en mí: ya todo terminaba. Nada de ser ‘colegiales’ sino universitarios. Sentí orgullo por ellos, celos de verlos graduarse antes que yo y un profundo cariño.

Nunca más seremos los niños inmaduros que iban a la escuela por obligación, ahora estudiaremos para tener un lugar en el mundo. Al haber estado en tres escuelas complemente diferentes —una anglicana, una judía y esta última bautista americana— he tenido la posibilidad de ver las diferentes formas de proceder a la hora de elegir.

Hay amigos que por ley deben ir al ejército de su respectivos países y otros que por lealtad a su fe y cultura voluntariamente se enrolan. También tengo amigos que en honor a Dios decidieron estudiar teología en un instituto bíblico o decidieron convertirse en misioneros e ir por el mundo compartiendo el evangelio.

Amigos que decidieron quedarse en Panamá y otros que decidieron irse a EE.UU., a la Unión Europea, Sudamérica y hasta destinos exóticos como Egipto.

Puedo asegurar una cosa: sin importar cual es nuestro origen todos nos enfrentamos al miedo de tomar una decisión que nos destruya. Ya sea que tengamos el futuro asegurado por conexiones familiares o por la bendición de tener la mente clara en nuestro propósito en la vida o por el contrario, no tener ni pizca de idea de lo que será de nosotros, el futuro está allí, a la vuelta de la esquina esperándonos.

Como dicen, valiente no es el que no tiene miedo sino el que lo tiene y actúa.

Piensa. Razona. Analiza. Investiga.

*

<> Artículo publicado el 19 de diciembre  de 2010  en el diario  El Siglo, a quienes damos,   lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.
Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: