20 de Diciembre

La opinión de la Ingeniera y Ex candidata presidencial…

BALBINA HERRERA ARAÚZ
balbinaherreraarauz@hotmail.com

Reflexionar sobre hechos históricos es un deber, aunque no todo el tiempo resulta fácil, porque cada uno de los panameños tiene su propia historia, cada uno fue protagonista de un episodio.

En diciembre, acostumbrados a que los fuegos artificiales se vean en los cielos días antes de la Noche Buena, nadie se hubiese imaginado, que Panamá sería invadido, causando la muerte de miles de panameños, en su mayoría civiles inocentes.

La invasión ha tenido dos caras: para unos significó ‘una causa justa’ y liberación de una dictadura y para otros, donde me incluyo, la destrucción de un país y del populoso barrio de El Chorrillo, que se vio envuelto en llamas, víctima de un acontecimiento que no pidió.

En poco tiempo los tanques y miles de soldados desplazaron por todo el país, con el único objetivo de buscar a un solo hombre y de destruir a las Fuerzas de Defensas.

Hombres y mujeres de San Miguelito, de El Chorrillo y de otros puntos del país mostraron resistencia; y aunque esto muchos lo critican, en la mayoría de los países, es el deber de cualquier ciudadano: defender su Patria de la ocupación por cualquier fuerza extranjera.

Cientos de mujeres quedaron viudas, jóvenes entregaron sus vidas, madres buscando a sus hijos aún sin encontrarlos, fosas comunes, casas destruidas y comercios saqueados. La vida humana no tiene precio y en esta invasión se perdieron muchas.

Hoy esa imagen permanece en nuestras mentes, al igual que las víctimas del bus incendiado el 23 de octubre, las del dietilenglicol y la de los hechos de Bocas del Toro.

Es lamentable lo sucedido y por ello como sociedad debemos analizar las distintas etapas, desde antes de 1968 hasta la actualidad; donde las familias necesitan una explicación y respuestas de que fue lo que pasó con sus seres queridos. Estos hechos no pueden ser borrados de la historia y deben aparecer en nuestros libros.

Es importante que asumamos la responsabilidad de nuestros actos, para fortalecer la democracia en momentos como los actuales; en los que todos los panameños tengamos seguridad, libertad de expresión y el derecho a no ser despedido por no compartir las ideas; el derecho a organizarnos, a disentir, para poder brindar a las presentes y a las futuras generaciones un Estado seguro; en el que cada ciudadano tenga seguridad de que nos hemos reencontrado como sociedad. Hay que seguir trabajando, para que nadie robe nuestros sueños.

*

<> Artículo publicado el 19 de diciembre  de 2010  en el diario  El Siglo, a quienes damos,   lo mismo que a la autora, todo el crédito que les correspo
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