Intriga en Washington

La opinión de…

Betty Brannan Jaén

WASHINGTON, D.C. –La visita sorpresiva del presidente Ricardo Martinelli a Washington esta semana y la igualmente sorpresiva renuncia del embajador Jaime Alemán han dado lugar a toda clase de especulaciones, incluso algunas que me parecieron risibles.

El propio Alemán sostiene que la renuncia fue por “razones personales y profesionales”,   pero no hay duda de que en verdad hubo alguna intriga de palacio de por medio. Evidencia de ello: que Alemán no acompañó a Martinelli a sus citas el jueves y que el Panamá América del viernes informó en primera plana que Alemán fue destituido (citando una fuente anónima en Washington que parecía oficial).

Encuentro increíble esa noticia del Panamá América.   No por primera vez diré que Alemán y su esposa Pilar han sido unos embajadores incomparables, absolutamente tops en cuanto a inteligencia, charm, y dinamismo.   Mi buzón de correos electrónicos confirma a diario que ellos han llevado un ritmo incansable de trabajo, especialmente, porque decidieron no utilizar cabilderos a sueldo, sino ser ellos mismos los cabilderos por Panamá.

Creo que esa decisión fue correcta, no solamente porque así le ahorraron millones al país, sino también porque ningún cabildero “comprado” pudo haberlo hecho con la elegancia y credibilidad que mostraron ellos. Alemán reveló ser un máster de networking y desplegó tremenda visión estratégica sobre cómo ir creando la red de apoyo que necesitaría para diversos temas, cuando llegara el momento.

Pues el tema primordial es la ratificación del tratado de promoción comercial (TPC) y el momento es ahora. Resulta que la Casa Blanca desea proceder con la ratificación solamente del recién renegociado tratado con Corea, dejando atrás los acuerdos también pendientes con Panamá y Colombia (después de años de estancamiento).   Mucho se dice que el acuerdo con Panamá es el menos controversial de los tres y que los votos en el Congreso “están allí”, pero el TPC no podrá ratificarse si el presidente Barack Obama no lo envía al Congreso.

Del lado liberal es un dilema político para Obama, porque su base demócrata se opone a los tratados de libre comercio. Del lado conservador mi información es que los republicanos, liderados por el nuevo presidente de la Cámara de Representantes, John Boehner, están insistiendo en que Obama envíe los tres tratados juntos al Congreso.

Uno ve, por lo tanto, que estamos primero en un momento crítico de persuadir políticamente a Obama de que haga lo correcto por Panamá; y si eso se logra, enseguida entraríamos en otro momento crítico de persuadir políticamente al Congreso de que ratifique el acuerdo panameño. Y en esa etapa de batalla en el Congreso, los tres países entrarían en una dura pugna de “sálvese quien pueda”, compitiendo por la ratificación de su acuerdo. Peor aún, la ventana política para todo eso solo estará abierta en los primeros meses del año entrante, porque después viene el inicio de la campaña presidencial de 2012, que hundirá toda posibilidad de proceder con temas difíciles.

En otras palabras, este no es el momento de cambiar embajadores, menos aún de remplazar a uno que ha hecho una labor tan excepcional. Tengo información de que sí es cierto que los norteamericanos ven con inquietud ciertas acciones del gobierno de Martinelli (especialmente con relación a justicia y libertades ciudadanas), por lo que Alemán ha tenido que manejarse con delicadeza. Como creo que su retiro de Washington es una gran pérdida para el país, lo óptimo sería que él reconsidere.

Cerraré con una crítica severa de que Martinelli insista en viajar al exterior sin periodistas que fiscalicen su actuación. Siguiendo el modelo martinista, lamentablemente, la Presidencia arma en secreto sus viajes, esconde los detalles exactos de su agenda, hace imposible que periodistas independientes puedan acompañarlo, y luego emite unos comunicados auto-elogiosos que son más propaganda que información. Eso no es transparencia, no es el actuar de un presidente democrático, y no es aceptable.

*

<> Este artículo se publicó el 19 de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.
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