Sobre fines y medios…

La opinión de…

 

DANIEL  R.  PICHEL
dpichel@cardiologos.com

A toda persona normal debe preocuparle que se violenten las normas de la convivencia democrática. Temas como la separación de poderes, los mecanismos de control y la transparencia en la gestión pública son esenciales para que la democracia funcione correctamente. Muchas veces decimos que no podemos vivir bajo la esencia de las doctrinas de Maquiavelo, según la cual, “el fin justifica los medios”.

Sin embargo, olvidamos cómo nos quejamos amargamente cuando, aplicando los medios que establece el manual democrático, se hace casi imposible alcanzar los fines.   Si nos detuviéramos un momento a pensar qué queremos y cómo puede conseguirse, tal vez nos diéramos cuenta de cuáles deben ser nuestras prioridades a futuro. Trataré de ilustrarlo con ejemplos reales.

En Panamá, constantemente nos estamos quejando del irrespeto a la institucionalidad democrática. El nombramiento de allegados al Ejecutivo en puestos de control, la metamorfosis de políticos de la oposición que, de la noche a la mañana, comienzan a ver el mundo en la misma línea que el gobierno, la sospechosa aprobación casi genuflexa de las iniciativas legislativas que respaldan la gestión presidencial, las contrataciones directas para obras estatales y ahora el posible proyecto que permitiría la reelección hacen pensar que la democracia panameña está muy lejos de ser a lo que aspiramos.   Seguimos cometiendo el terrible error de confundir el votar cada cinco años en una elección en la que se respetan los resultados, con vivir en un sistema verdaderamente democrático.

Si bien es cierto, hay razones para preocuparse, lo más importante es analizar qué estamos haciendo para resolver estos temas de que tanto nos quejamos. La pregunta relevante es: ¿qué haríamos si mañana fueran las elecciones, sabiendo por adelantado el estilo del actual gobierno?   Pues, me atrevo a asegurar que, si las alternativas que tuviéramos para escoger fueran las mismas que nos presentaron en mayo de 2009, la grandísima mayoría votaríamos nuevamente por los mismos.

Ante esta perspectiva, tenemos que entender que la prioridad en Panamá es que se comiencen a identificar líderes con miras al futuro. Líderes que representen los valores primordiales de un sistema democrático, en el que la forma de ejecutar sea tan importante como la ejecución misma. Líderes que surjan de partidos y grupos con ideologías sólidas y con proyectos basados en las reales necesidades de la gran mayoría de la población y no de grupos particulares.

Lo triste es que estos líderes no garantizan tampoco mejorar las cosas. Y allí tenemos el mejor ejemplo en Barack Obama. Durante la campaña, Obama presentó un discurso basado en valores y principios que permitió una movilización sin precedentes de grupos que habitualmente son ajenos a la actividad política, especialmente jóvenes.

Así, Obama gana las elecciones con un apoyo general, gracias a que sembró la esperanza de que cambiaría la forma de hacer las cosas. Pero lo que pasó después fue que esas buenas intenciones se estrellaron de frente con el sistema político de Washington, donde la “institucionalidad democrática” permite todo tipo de triquiñuelas para bloquear las iniciativas que choquen contra los intereses particulares de partidos y grupos de influencia. Entonces, ese pueblo que apoyó masivamente el plan de Obama no está dispuesto a respaldarlo en la implementación de soluciones. De ese modo, el hecho de “no cumplir las promesas de campaña” termina ejerciendo un efecto negativo sobre la opinión pública.

Entonces, ¿qué le quedaría a alguien que quiere cumplir con la implementación de cambios? … Pues, tratar de utilizar lo poco que permite el sistema para garantizar que se puedan ejecutar proyectos y programas.   Para eso, hay que estirar el sistema hasta el límite de lo que permite. Entonces, cuando se hace eso… Se está “debilitando la institucionalidad y la democracia”… Si queremos entonces ver lo que sigue, volvamos al principio del artículo.

Ante esta perspectiva, la única opción posible es comenzar a pensar en líderes que entiendan bien el sistema democrático bajo la perspectiva de que los fines y los medios deben conjugarse a favor de las mayorías y de ninguna manera ser un obstáculo al desarrollo social. Porque, si solamente nos quejamos, le hacemos la campaña a gente exactamente igual a quienes criticamos… o quien sabe si aún peores…

<> Este artículo se publicó el 19 de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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