Un clima nuevo para Panamá

La opinión de…

Adrián Benedetti

Acostúmbrense, el calor no va a parar. Actualmente hay 8 mil millones de toneladas de CO2 en la atmósfera del planeta. En 1956 había entre mil millones y 2 mil millones. Estas moléculas demorarán alrededor de 3 mil años en ser absorbidas, si todos los países del mundo paran de emitirlas mañana.

Es sentido común, si le añades más leña a un fuego crearás un fuego que no vas a poder controlar. En este caso, el CO2 es un gran pedazo de leña.

Aunque Panamá no emita mucho CO2, en comparación con los países industrializados, no puede ignorar la realidad de que el clima seguirá cambiando en el futuro. Por esta razón es importante desarrollar planes de adaptación que puedan reducir nuestras pérdidas socio-económicas y biológicas ante lluvias más fuertes y temporadas secas más prolongadas.

Pero primero, ¿qué es “adaptación?”. Son ajustes que se pueden realizar a sistemas humanos o naturales en respuesta a los cambios actuales o esperados del clima, los cuales moderan los daños o explotan oportunidades benéficas. Un ejemplo de una estrategia de adaptación sería empezar a manejar nuestros ríos a un nivel de cuenca. De esta manera disminuiríamos los daños a comunidades e industrias, causados por las continuas inundaciones que ocurren anualmente en Panamá.

Para tener cuencas saludables se requiere de un esfuerzo interdisciplinario que debe involucrar a múltiples entidades del Gobierno y la sociedad civil durante el periodo de planificación y ejecución. Hay que realizar planes holísticos que incluyan programas sociales, económicos y ambientales.

Dragar los ríos cada año y seguir canalizándolos artificialmente son parches temporales que nunca lograrán una solución a largo plazo.

Por ende, antes de empezar a gastar un solo centavo en macro proyectos de mucha infraestructura hay que promover estructuras de gobierno que fomenten confianza, participación y aprendizaje, ya que todo esto mejorará la capacidad de adaptación de una población.

Las políticas que genera un gobierno pueden reducir la capacidad social para la adaptación. Por ejemplo, políticas que centralizan poderes refuerzan las tendencias de personas de buscar que otros les resuelvan sus problemas. Estos enfoques reducen las oportunidades de aprendizaje e innovación de una población y aumentan la cultura de dependencia.

Por ejemplo, para atender las inundaciones, la Autoridad Nacional del Ambiente, el Ministerio de Obras Públicas, el Sinaproc, el Idaan, la Autoridad de los Recursos Acuáticos de Panamá, las ONG, los municipios y los miembros de las comunidades afectadas deben trabajar en comisiones de cuencas. Estas deberán desarrollar planes de manejo de corto, mediano y largo plazo en los que se asegure que el cuidado de los ríos y sus sistemas naturales son uno de los ejes principales de desarrollo.

Muchos de los retos sociales, ambientales y económicos que actualmente enfrenta Panamá requieren sistemas de gobierno más ágiles, transparentes y participativos, que permitan dar respuestas prácticas y eficientes.

El desarrollo de vías claras de comunicación entre comunidades y entes de gobierno facilita el diálogo, el debate y el respeto mutuo. Ante todo, es vital cultivar un ambiente de confianza y de cooperación desinteresada. Esto solo se logrará dentro de un marco socio–político descentralizado que comparte responsabilidades.

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<> Este artículo se publicó el 15 de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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