La educación y el ¿por qué?

La opinión del Empresario….

JOHN A. BENNETT NOVEY
jbennett@cwpanama.net

Todos recordamos cuando nuestros hijos nos preguntaban: ‘¿por qué?’, y lástima que con el tiempo fuimos perdiendo esa costumbre. Cuando leo tantos artículos que abordan el grave problema de la deseducación, en la mayoría de los casos quedo con la impresión de que sus autores estaban más preocupados de pavonear las delicias de su prosa, que en abordar el ‘¿por qué?’.   Típicamente concluyen señalando que se requiere invertir más y reformar los programas, pero sin sustentarlo; de manera que regresaré a mi niñez y abusaré del ¿por qué?

¿Por qué debe ser el Estado o el gobierno quien eduque?   ¿Será que no podemos confiar esta tarea al ciudadano común?   ¿Por qué suponemos que si el Estado se repliega a su función de árbitro y deja de ser juez y parte, reduciendo la mar de impuestos que malgastamos en una educación enfermiza, los pobres saldrían perdiendo?   ¿No podríamos dar mejor uso a esos fondos?   ¿Solo a través de la intervención estatal podemos educar al común de la gente? ¿Verdaderamente piensan que la educación es gratuita?   ¿Acaso creen que los ricos les están pagando su educación? ¿O será que seguimos trillando el mismo camino retorcido que antaño demarcó una vaca ebria de hierbas alucinantes?   ¿Cómo es que cada año se gasta más y se logra menos?   ¿Alguna vez se han preguntado por qué se metió el Estado en la educación y si se lograron los cometidos? ¿O será que el sistema actual de embrutecimiento persiste simplemente ‘porque sí’?

Si rehusamos abordar estas y otras preguntas tengan por seguro que estaremos frente al triunfo de nuestros prejuicios y a la aceptación del statu quo por simple hábito o mímica y no como el resultado de un propósito consciente y racional.

El inmenso problema de nuestras instituciones es que las damos por sentadas y ya no las escudriñamos a ver si las premisas que las originaron siguen siendo válidas. La triste realidad es que una vez que le damos vida a una institución estatal, la misma, como engendro maligno, va cobrando existencia propia, la cual típicamente se va alejando de su propósito inicial, hasta que perdemos la capacidad de dudar y dar marcha atrás.

En semejante escenario la educación misma deja de ser el tema central para ser reemplazado por las necesidades que imponen los emolumentos de sindicatos magisteriales y el cúmulo de funcionarios estatales que se engullen el presupuesto; una inmensa parte de él en gastos estériles.

Algunos se enfadarán por el simple hecho del ‘¿por qué?’ planteado, y en ese mismo enfado se desnuda el mal subyacente. Es como si se estuviera poniendo en tela de duda la maternidad o la ley de gravedad.   Y no crean que tacho por completo el papel de Estado, simplemente llamo a reevaluar dicho papel.

La premisa de fondo está basada en dos principios: Uno, que corresponde al Estado la protección del niño; y la segunda presupone que es preciso igualar a todos en la sociedad.  ¿Por qué?

*

<> Este artículo se publicó el 14 de diciembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.
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