En honor a Sarmiento y a Panamá

La opinión de la Arquitecta y Ex Ministra de Estado….

MARIELA SAGEL
marielasagel@gmail.com

 

El nombre y la trayectoria de Domingo Faustino Sarmiento no me es ajena, toda vez que en mi casa, mi madre, siendo educadora, tenía varios libros del que ha sido justamente llamado el ‘Maestro de América’.

Argentino de nacimiento, fue un político, escritor, docente, pedagogo, militar que ocupó varios cargos públicos. Su nombre sale a relucir con gran relieve en estos momentos por la reciente adecuación y remodelación que hizo la Embajada de Argentina de cinco aulas y dos baterías de baños, en el marco del compromiso adquirido por esa misión diplomática para cerrar, con broche de oro, las celebraciones del Bicentenario de la independencia de ese país y llevar adelante el programa insignia de la Asociación de Amistad Argentino — Panameña.

Hace unos cinco años tuve la oportunidad de conversar con el embajador Jorge Arguindegui, recién llegado al país, quien me dijo enfáticamente que él no venía a jugar al golf ni a pasarla bien. Que venía a reforzar las relaciones empresariales entre las dos naciones, a que se concretaran negocios y a apoyar iniciativas que acercaran a los dos países. Esa conversación la recuerdo como si fuera hoy, porque en todos estos años, el embajador Arguindegui no ha dejado ni un minuto de trabajar y de incentivar el intercambio entre Argentina y Panamá, especialmente con la creación de la Asociación de Amistad.

Este proyecto, recientemente inaugurado en la escuela que lleva el nombre del Maestro de América, ubicada en San Isidro, distrito de San Miguelito, tiene una población docente de 788 alumnos. También se lleva adelante un esfuerzo similar en el centro educativo con el nombre del general José de San Martín, otro prócer de Argentina y apoyado por la Embajada y por la Asociación de Amistad Argentino — Panameña, donde hay 1,086 alumnos y en ese centro el énfasis ha sido el orientar a los estudiantes hacia el valor del reciclaje.

La responsabilidad social empresarial, que tanto se menciona y que muchos empresarios persiguen para lavar un poco su cara, se ve más que superada con el compromiso que adquirió esta misión diplomática que titula ‘Una empresa, una aula’.   Con este proyecto se demuestra que se pueden encontrar formas novedosamente revolucionarias (así lo definió el presidente de la Asociación, Enrique de Obarrio) que buscan alcanzar mejores condiciones y calidad educativas para quienes más lo necesitan.

‘Una fórmula de Responsabilidad Social completa, que combina la motivación y visión, con la disposición y asignación de recursos y el voluntariado diplomático, corporativo y personal, para concretar las soluciones en beneficio de la comunidad, hacia una sociedad más buena. Así definimos, vivimos y hacemos realidad palpable el espíritu solidario’, dijo De Obarrio.

Es muy representativo que una responsabilidad social diplomática enfoque sus esfuerzos, y contagie a sus coterráneos en la dirección de orientar a un país a caminar en la dirección correcta, para que alcancemos los grados de desarrollo humano y social que nos permitan el crecimiento económico con equidad social que todos debemos perseguir.

La velada, donde participaron con mucho entusiasmo los alumnos que se ven beneficiados por esa feliz iniciativa, estuvo salpicada de momentos emocionantes, sobre todo el de una niña, entrando en la adolescencia, que después de pasar por toda la prosopopeya protocolar de llamar a todos por su nombre, incluyendo al Nuncio Apostólico, a quien se le cantó feliz cumpleaños con las estupendas notas de la Banda Republicana, dijo de forma categórica que ellos, los alumnos, son los responsables que las cosas funcionen, que tienen que cuidar lo que han recibido, porque solo con ese compromiso es que van a salir adelante.

El presidente de la Asociación de Amistad Argentino — Panameña le señaló a la ministra de Educación que en el último libro de Andrés Oppenheimer, al cual me he referido en anteriores ocasiones, los cambios en la educación no los hacen los ministros de Economía sino los de Educación.   Esto no es del todo cierto.   Los cambios en pro de una mejor educación los hacemos todos,   cada uno con su compromiso como el de Una Empresa, Una Aula, que es el que conlleva la firme adopción de la creencia de las convicciones sociales que tenemos como país.

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<> Este artículo se publicó el 19  de diciembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que a la  autora,  todo el crédito que les corresponde.
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